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lunes, 16 de julio de 2018

BIOLOGIA DE LA CREENCIA....


La biología de la creencia: cómo tus pensamientos transforman tu organismo


Si crees que tu destino biológico es inmodificable, que tus genes te determinan o que eres una víctima de tu herencia, has de saber que este viejo dogma del determinismo genético es simplemente erróneo.

La epigenética, una nueva y revolucionaria rama de la ciencia, nos muestra que los genes no controlan nuestra biología, no controlan su expresión y ni siquiera controlan su propia actividad. Las señales ambientales y nuestra percepción de esas señales -lo que pensamos acerca de lo que nos pasa- son los elementos que determinan nuestro comportamiento celular y la forma en que nuestros genes se expresan (un mismo gen o modelo puede expresar miles de variantes).

En un ambiente enfermo, nuestras células enferman. En el momento en que cambiamos de entorno o modificamos la percepción de lo que sucede en nuestro entorno, se recuperan de inmediato y comienzan a crecer, reproducirse y florecer vigorosamente.

“Es una señal del entorno, y no una propiedad emergente del gen en sí mismo, lo que activa la expresión de ese gen” – H. F. Nijhout.

La nueva ciencia de la epigenética
El término epigenética, acuñado por Conrad Hal Waddington y ampliado recientemente por multitud de biólogos celulares (entre los que destaca el famoso Bruce Lipton), se refiere al estudio de las interacciones entre los genes y ambiente.

La epigenética nos muestra que el ADN no determina el comportamiento celular. Son las proteínas quienes, en función de las señales ambientales y nuestra percepción e interpretación de las mismas, gobiernan las funciones de la célula. Como si de directores de orquesta se tratara, el movimiento de las proteínas administra el movimiento celular que rige nuestras funciones orgánicas.

Nuestra biología se adapta a la información ambiental que penetra por nuestros sentidos y a la interpretación que nuestra mente hace de esa información, es decir, lo que pensamos acerca de lo que nos pasa. En un ambiente tóxico, las células enferman y mueren. No están orgánicamente enfermas ni determinadas por el ADN, sino que enferman como respuesta a un entorno insano o una percepción insana del entorno.

Cuando nuestras células no funcionan correctamente, nuestro cuerpo manifiesta síntomas. Los síntomas son indicadores biológicos de que algo no anda bien con el comportamiento celular. No son el problema, sino que simplemente nos avisan del verdadero problema: la presencia de señales de amenaza (bioquímicos tóxicos o contenidos mentales tóxicos) que provocan una detención de nuestras funciones de crecimiento psicobiológico.

“La mente le dice a nuestra biología lo que está pasando en el mundo y lo que debemos hacer para ajustarnos a esos eventos.”

La biología de la creencia y el poder de la intención
El sistema nervioso es el mediador entre las señales ambientales y el comportamiento celular. Podríamos decir que es el árbitro que decide qué mecanismos biológicos activar o desactivar. Conforme a su decisión, el organismo libera los bioquímicos apropiados, que se comunican con las proteínas y les indican cómo orquestar el movimiento celular, las funciones de la vida.

Este árbitro solo puede tomar dos decisiones: protección o crecimiento. Ambos modos de nuestro sistema nervioso, simpático y parasimpático, no pueden operar al mismo tiempo. Estamos en protección o estamos en crecimiento.

El árbitro decide, pero no interpreta. ¿Quién interpreta? La interpretación de las señales ambientales es trabajo de la mente. Nuestras creencias, alojadas en nuestra mente inconsciente, modifican nuestra percepción. La forma en que percibimos lo que nos sucede, nuestra interpretación subjetiva y nuestros pensamientos, le sirven al árbitro para decidir si debe activar el mecanismo de protección o el mecanismo de crecimiento.

Cuando pensamos que el entorno contiene amenazas (cuando nos hallamos bajo estrés, miedo, ansiedad o depresión) activamos el modo de protección, el sistema nervioso simpático. Todas nuestras funciones de crecimiento orgánico se detienen al instante, y también se detienen todos nuestros procesos cognitivos superiores. Las hormonas del estrés y los agentes inflamatorios -tales como el cortisol, la epinefrina, las citoquinas o la histamina- invaden nuestro sistema, detienen el crecimiento biológico y debilitan el sistema inmune. Mantenernos en este modo de lucha o huida por períodos demasiado dilatados es realmente peligroso. Para conservar nuestra salud necesitamos reemplazar cientos de miles de millones de células diariamente. Si estamos constantemente en protección, esto no sucederá. El resultado: desequilibrio y enfermedad.

Cuando nos sentimos seguros, nuestro sistema nervioso activa el modo de crecimiento, también llamado Respuesta de Relajación o sistema nervioso parasimpático. La sangre comienza a fluir abundantemente en el torso y la cabeza, donde se encuentran nuestros órganos y todas nuestras funciones de crecimiento. Liberamos bioquímicos como la dopamina, la oxitocina, la vasopresina y la hormona del crecimiento, que realzan nuestra salud. Nuestro cuerpo mantiene su integridad, nuestras células se dividen con normalidad y todas nuestras funciones orgánicas operan óptimamente.

El origen de nuestra percepción, la interpretación de la mente, se halla en nuestro sistema de creencias. Y los pensamientos que nuestras creencias generan y sostienen están íntimamente conectados con nuestra biología, nuestra genética y nuestro comportamiento celular. Cuando la creencia cambia, la percepción también cambia; cuando la percepción cambia, los pensamientos cambian, y las respuestas neuroquímicas se transforman. La mente le dice a nuestra biología lo que está pasando en el mundo y cómo debe cambiar para ajustarse a los eventos que enfrentamos.

El efecto placebo: lo que tu mente cree, tu cuerpo crea
En un estudio los pacientes debían recibir una cirugía artroscópica de rodilla para sanar sus dolencias. Mientras que un grupo recibió la cirugía habitual, otro grupo recibió un placebo que consistía en una operación falsa: el paciente salía con una incisión suturada y la creencia de que había recibido cirugía, cuando en realidad no se le había efectuado ninguna intervención. Ambos grupos presentaron el mismo nivel de mejora.

En 1950, el Dr. Wolf (ver estudio aquí) trabajaba con mujeres a las que les habían introducido una esfera gástrica. Debido a las contracciones estomacales, experimentaban intensas náuseas y vómitos. El placebo fue la administración de un supuesto fármaco novedoso con la promesa de que eliminaría por completo esas sensaciones y reacciones fisiológicas. El fármaco era en realidad “epicac”, un químico que induce el vómito. Los pacientes creyeron firmemente que este nuevo y revolucionario fármaco detendría los vómitos, y no solo hizo eso, sino que además las contracciones estomacales regresaron a la normalidad. La creencia fue el único factor de recuperación.

En 1962, los doctores Ikemi y Nakagawa realizaron un estudio con pacientes adolescentes alérgicos al árbol de laca. Con los ojos vendados, les dijeron que uno de sus brazos sería expuesto a hojas de castaño y el otro a hojas de árbol de laca. Pero en realidad lo hicieron al revés: aplicaron árbol de laca donde les dijeron que aplicarían castaño, y viceversa. A pesar de su extrema alergia, el brazo que recibió árbol de laca permaneció igual, mientras que el brazo al que aplicaron castaño presentó una erupción cutánea severa. El cuerpo manifestó lo que la mente creyó (Fuente: Ikemi Y, Nakagawa S. A psychosomatic study of contagious dermatitis. Kyushu Journal of Medical Science. 1962;13:335–350).

Recordemos que no estamos hablando de evidencia anecdótica, sino de publicaciones científicas oficiales que legitiman el increíble poder que nuestra mente ejerce sobre nuestra biología.

“Podemos reescribir los programas que crean auto-sabotaje y malestar. Podemos cambiar nuestras creencias limitantes.”

Mente consciente, mente inconsciente
Consciente e inconsciente son partes interdependientes de la mente que poseen diferentes formas de aprender y operar.

La mente consciente es el resultado de la evolución más reciente del cerebro, la corteza prefrontal. Es la mente creativa e imaginativa que contiene nuestros deseos, anhelos y aspiraciones en la vida. Si alguien te pregunta: “¿qué quieres en la vida?”, tu respuesta viene de tu capacidad de imaginar y crear conscientemente estas imágenes del futuro deseado.

La mente inconsciente representa nuestros hábitos, programas y patrones. Por ejemplo, aprendemos a caminar a través de experiencia y repetición, pero una vez que hemos instalado este programa, se convierte en un hábito dirigido por la mente inconsciente. Cuando aprendemos un hábito, la mente inconsciente se encarga de reproducirlo de forma automática y reactiva sin que debamos pensar en ello,  lo que nos ahorra tener que aprenderlo una y otra vez. Fundamentalmente, la mente inconsciente es nuestra mente programada, y posee un tremendo potencial para grabar/descargar todo tipo de programas, especialmente durante la primera infancia. Nuestras creencias son también parte de esta programación inconsciente.

Hoy sabemos que los programas negativos y redundantes afectan nuestra salud. Sin embargo, si la calidad de nuestros programas es pobre no debemos culpar a nuestra mente, sino a nuestros programas. Nuestra mente no es los programas que contiene. Podemos reescribir los programas que crean auto-sabotaje y malestar. Podemos cambiar nuestras creencias limitantes.

¿Cómo hacer esto? Si nuestros programas son el resultado de un hábito, y un hábito es el resultado de una repetición sostenida, la repetición consciente de acciones diestras y pensamientos expansivos nos permitirá crear nuevos hábitos mente-cuerpo que reemplacen a los viejos hábitos inconscientes. El primer paso es adoptar una actitud correcta y tener la clara intención de reprogramar nuestras creencias restrictivas a través de la práctica continuada. La resiliencia es el Santo Grial que abona el camino de transformación de nuestras interpretaciones mentales, nuestros procesos biológicos y nuestro comportamiento.

Reescribiendo nuestra biología
El hábito de la práctica introspectiva es una de las mejores formas de reescribir nuestra biología. Al enviar señales de calma y seguridad a nuestro sistema nervioso, activamos voluntariamente los mecanismos biológicos de crecimiento.
En su libro Relaxation Revolution, el Dr. Herbert Benson, uno de los pioneros de la Medicina Mente Cuerpo y la Biología de la Creencia, comparte un fascinante estudio cuyos resultados demuestran que la mente puede influir en nuestra biología hasta el punto de modificar la expresión de nuestros genes y alargar el tamaño de nuestros telómeros.

Este estudio, llevado a cabo en la Harvard Medical School, reunió a 19 meditadores experimentados y 19 personas sin experiencia en prácticas mente-cuerpo. De los 20.000 genes que el Proyecto Genoma Humano estima que poseemos, el grupo no experimentado mostraba la nada desdeñable cantidad de 2.209 genes con una expresión diferente a la del grupo experimentado. Estos genes estaban asociados con enfermedades y condiciones médicas relacionadas con el estrés, incluyendo la deficiencia de respuestas inmunes, varios tipos de inflamación, envejecimiento prematuro, adelgazamiento de la corteza cerebral, problemas cardiovasculares y cáncer.

Después de solo 8 semanas de entrenamiento en diversas prácticas de atención plena durante 20 minutos al día, el grupo no experimentado cambió la expresión de 433 de estos genes, acercándose a la expresión génica del grupo de practicantes experimentados. Las probabilidades de que esto sucediera sin intervención voluntaria habían sido estimadas de 1 entre 10.000 millones.

Los protocolos del Dr. Benson y su equipo ofrecen evidencia irrefutable de que las prácticas introspectivas mente-cuerpo pueden activar el interruptor que enciende y apaga la expresión génica asociada a salud y enfermedad. La mente puede influir en el cuerpo hasta el punto de sanarlo.

Además, a medida que avanzamos en nuestra práctica introspectiva y nos volvemos íntimos con nosotros mismos, vamos viendo con claridad el sufrimiento que nos causamos. Poco a poco vamos comprendiendo nuestro dolor y nuestras desviaciones, y emerge en nosotros un entendimiento natural de las causas que nos han llevado hasta donde estamos. Cuando vemos nuestros patrones automáticos de comportamiento, nuestros pensamientos recurrentes, nuestras actitudes incorrectas, nuestras percepciones distorsionadas, nuestros bloqueos emocionales, nuestras desviaciones narcisistas y nuestros caprichos neuróticos, nos damos cuenta de que no somos eso que observamos y encontramos fortaleza interior. Vemos que son simplemente esquemas automatizados y restrictivos que crean desequilibrio y sufrimiento, y este conocimiento permite que nuestra capacidad de resiliencia emerja de forma natural.

La práctica de la atención plena es fundamental para poder permanecer en contacto con nosotros mismos y conocernos. Cuanto más atentos estamos a nuestros propios hábitos, más claramente podemos ver y reconocer qué motivaciones nos hacen sufrir, y cuáles no. 

La atención directa a nuestra experiencia vital presente, el viaje de regreso a la esencia que yace en la morada interior, nos trae discernimiento, serenidad y equilibrio, autorregulando nuestra biología en tiempo real.

La práctica de la atención plena es un camino hacia el autodescubrimiento y el autodesarrollo, una vía de realización que nos libera de los modelos de pensamiento perniciosos y las conductas deshonestas, permitiéndonos regresar a un estado de equilibrio natural en nuestro cuerpo (homeostasis) y en nuestra mente (claridad).

Resumiendo
  • Los genes no controlan nuestra biología. Nuestro comportamiento celular y nuestras funciones orgánicas dependen de las señales ambientales y de nuestra percepción de esas señales ambientales.
  • Si percibimos amenaza, nuestras células enferman. En el momento en que cambiamos de entorno o modificamos la percepción de lo que sucede en el entorno, las células regresan a su estado original de crecimiento y salud.
  • Nuestra percepción es dominio de la mente, y la forma en que la mente percibe depende de nuestras creencias, que básicamente son programas alojados en nuestro inconsciente.
  • Los programas mentales, fijados a través de la repetición y la experiencia, pueden ser eliminados y/o reprogramados.
  • El hábito de la práctica introspectiva, sostenido con una actitud resiliente, es una de las mejores formas de reescribir nuestra biología y regresar a un estado de funcionamiento óptimo en nuestro cuerpo y en nuestra mente.


Jorge Benito


viernes, 24 de febrero de 2017

La esencia del Ego vs la esencia del Ser

El ego o la Inconsciencia



Actuamos desde el ego cuando nos identificamos con una autoimagen creada por nuestra mente a partir de las creencias y condicionamientos sociales. En esta identificación hay una sensación de que somos el torrente de pensamientos que constantemente inundan nuestra cabeza, a esto lo llamo: “la mente parlanchina” o “la loca de arriba”.

El ego no ve la realidad universal, sino que más bien,  experimenta una realidad individual que crea en su mente a través de la percepción. Es importante tener en cuenta que cada uno de nosotros desarrolla una percepción distinta, pues esta se genera a partir del entorno al que nos vemos sometidos desde la niñez. Esta forma de inconsciencia tiene un sentimiento continuo de carencia, no acepta su circunstancias actuales, permanece en la lucha, mendiga, necesita aprobación de los demás, se compara, vive insatisfecha y tiene un poderoso complejo de inferioridad que disfraza intentando ser superior.

Utiliza el tiempo como herramienta para mantenernos distraídos de la verdad, se mantiene rechazando o añorando el pasado y vive enfocado en un futuro que le ofrezca la salvación pues nada lo satisface. No asume los errores, equivocarnos nos hace imperfectos y su complejo de inferioridad lo empuja a querer ser mejor que quienes lo rodean, por esto siente la necesidad de esconder sus faltas para sobresalir; convirtiéndonos en esclavos de su autoimagen o máscara social y privándonos de la libertad de mostrarnos como somos, poder ser humanos y errar.

Se esconde tras el ideal de justicia y lo utiliza para justificar su comportamiento negativo frente al entorno que se basa en la resistencia a lo que es, la necesidad de controlar, la codicia, la sed de poder, la defensa y el ataque. Actúa de esta manera porque se percibe como un ente separado de sus semejantes y por tanto puede llegar a utilizarlos para alcanzar sus fines.

El Ser o la Consciencia

Actuamos desde el ser cuando no nos identificamos con la mente parlanchina, más bien la observamos manteniendo la calma y aquietándola para evitar convertirnos en presa de su discurso. Para la consciencia o el ser, sólo hay una realidad que está basada en la verdad donde prima el bienestar común sobre el individual. Al no hacer juicios, ni califica, ni se compara.

Se rige por la Ley de causa y Efecto y comprende que sólo haciéndose responsable de sus actos puede generar mejores resultados, “Ley de Correspondencia”; no se avergüenza de sus errores y aprende de ellos para no repetirlos. Al no tener complejo de inferioridad es totalmente libre y se muestra como es, entiende que todos somos iguales y no necesita ser mejor o competir con nadie ya que comprende que todos somos parte de lo mismo y estamos hechos de la misma esencia.

Cuando se vive desde la consciencia hay plena satisfacción pues esta viene de dentro y no de fuera. Mantiene su energía equilibrada y gracias a esto no siente carencia ni intenta manipular con el fin de obtener del entorno la realización, la obtiene entregando toda su energía a todo lo que la rodea.

El ego no puede sobrevivir en el momento presente, estando presentes damos lugar al despertar de nuestra ser y es así como entendemos que resistirnos a lo que ya es no tiene sentido. Desde aquí aceptamos nuestras circunstancias de vida sin luchar contra ellas.

Reflexión

Somos como un Iceberg, la parte que está sobre la superficie es nuestro ego, es la máscara social, lo que mostramos a los demás con el fin de defendernos y no ser atacados. Nuestra verdadera esencia, el 90 % está bajo el agua, la mantenemos cubierta sin darnos cuenta que esa es nuestra parte verdaderamente valiosa. Permanecemos la mayor parte del día actuando desde nuestro ego, aunque estoy segura que todos hemos experimentado la libertad y la plenitud que se siente cuando permitimos que sea nuestra consciencia la que guíe nuestro camino.

   Necesitamos reconocer que no hay peligro, que no hay necesidad de luchar, de dramatizar, de atacar o defender. Es el momento de perseverar y generar hábitos que nos lleven a aquietar nuestro ego de una vez por todas. Es el momento de permitir que prime nuestro ser, es el momento de ser libres y vivir en la realidad, en la belleza y en la plenitud. Ha llegado la hora de que lo que reine en nuestros corazones sea nuestro sabio interior; permitámonos sentir la conexión con el universo y con todos los seres que nos rodean. Es tiempo de relacionarnos sanamente, es tiempo de regresar a la verdad y de vivir en paz.

El día que observemos lo que ocurre en nuestro interior en vez de poner la atención en lo que ocurre en nuestro exterior desaparecerá nuestro ego. “Cambia por dentro y veras los resultados afuera”.


Escrito por Catalina Lobo