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lunes, 16 de julio de 2018

EL ORIGEN DE LAS CREENCIAS:APRENDAMOS A CAMBIARLAS

El origen de las creencias: Aprendamos a cambiarlas



Las creencias son afirmaciones, pensamientos, juicios e ideas sobre nosotros mismos, sobre la gente de nuestro entorno, el mundo que nos rodea y su funcionamiento.

Nuestras creencias filtran lo que captamos a través de nuestro sistema sensorial, de manera que determinan el significado que asociamos a cada vivencia en particular, por insignificante que esta nos parezca. Las creencias ejercen un gran impacto sobre la manera en que nos comportamos y los resultados que obtenemos en base a nuestro comportamiento.

Las creencias actúan como “profecías de necesario cumplimiento”

Nuestras creencias, ya sean limitantes o potenciadoras, determinan nuestros actos, y nuestros actos verifican y refuerzan las creencias en un bucle que se retroalimenta a sí mismo. Con el paso del tiempo, las creencias se arraigan cada vez con más fuerza y parecen cada vez más reales.

Para continuar profundizando en el papel que las creencias desempeñan en la forma en que interpretamos nuestro mundo es necesario que precisemos los conceptos de leyes, supersticiones y creencias. Las leyes son verdades absolutas, hechos científicamente demostrados, por ejemplo, “el agua hierve a 100 grados centígrados”. Las leyes carecen de excepciones y siempre son válidas las condiciones en que se aplican. Por otro lado, las supersticiones tienen un valor de ley para las personas que las albergan. “No hay que pasar por debajo de una escalera ya que trae mala suerte”, “cruzarse con un gato negro es señal de mal agüero”, etc. Las personas que albergan este tipo de supersticiones son conscientes de que no constituyen leyes, sino que se tratan de creencias (de índole personal, familiar o cultural) que limitan su conducta. Las supersticiones, al igual que las creencias, están asociadas a una función psicológica concreta y expresan (de forma simbólica o metafórica) prohibiciones o límites que deben respetarse para mantener el equilibrio personal y social. Así pues, de acuerdo con los conceptos expuestos, podemos definir una creencia como una superstición inconsciente a la que se le suele atribuir el valor de una ley.

Las creencias operan al nivel de la estructura profunda e influyen sobre la estructura superficial de nuestros pensamientos y comportamientos. Aunque somos conscientes de muchas de nuestras creencias, en general nuestras creencias más arraigadas e influyentes operan fuera de nuestra percepción consciente. Hay algunas creencias que vemos como verdades absolutas y que nunca cuestionamos: “así son las cosas”, “yo soy así”. Un cambio de creencias puede generar un gran cambio en la forma en que vivimos nuestras vidas y en los comportamientos que manifestamos.

Las creencias también pueden tener un efecto muy significativo sobre nuestra salud, concretamente sobre el famoso “efecto placebo”. En numerosos estudios clínicos se ha determinado que un porcentaje estadísticamente significativo de pacientes responden a los placebos (sustancias inactivas) igual o mejor que los pacientes que reciben el fármaco activo.

¿Por qué? Sencillamente porque creen que va a funcionar. Tal puede ser la fuerza de una creencia

Una vez que creemos en algo, tendemos a ignorar las evidencias en contra y aceptamos sólo aquella información que refuerza esa creencia.

“Tanto si crees que puedes como si no, estás en lo cierto” (Henry Ford)

Estructura de las creencias

También podemos definir las creencias como un vínculo arbitrariamente establecido entre dos objetos concretos o abstractos. La naturaleza de este vínculo es de igualdad o de implicación/causalidad. Si bien esta estructura se mantiene fija, el contenido de las creencias es ilimitado.

En la creencia “yo soy un incompetente” se observa la estructura de igualdad, donde “Yo = incompetente” (X = Y). En esta creencia se crea un vínculo de igualdad entre la identidad de la persona y sus capacidades. Si, por otro lado, tomamos la creencia “Sólo se gana dinero trabajando duro”, podemos apreciar que en este caso existe un vínculo de dependencia o causalidad: ganar dinero implica trabajar duro. (Si X, entonces Y).

En relación con la manera en que se estructuran las creencias, si ponemos en práctica el uso del meta-modelo, seremos capaces de detectar una gran cantidad de creencias, tanto propias como ajenas, que manifestamos en nuestro discurso habitual.

¿Cómo se forman las creencias?

Las creencias se forman durante nuestro desarrollo y proceden de muchas fuentes distintas: *Educación, cultura, figuras parentales, amistades, acontecimientos traumáticos, experiencias repetitivas… Por lo general, construimos las creencias generalizando nuestras experiencias en el mundo. Adoptamos muchas de nuestras creencias mediante la socialización, imitando inconscientemente la visión y los modelos del mundo de aquellos que nos rodean, especialmente de aquellos a los que respetamos.

Mientras crecemos, las expectativas que la gente que nos rodea tienen en relación con nosotros nos van modelando poco a poco, sin que nos demos cuenta. Cuando somos jóvenes, tendemos a creer lo que otros dicen sobre nosotros porque carecemos de experiencias que nos permitan contrastarlo, y estas creencias pueden permanecer instaladas muchos años más tarde sin que logros posteriores sean suficientes para modificarlas.

Una creencia nace de una idea que con el paso del tiempo va reafirmándose a través de las experiencias que se viven. Cuando se han reunido las suficientes experiencias de manera repetida, se percibe que la idea inicial ha sido lo suficientemente sustentada y es por tanto cierta. Es entonces cuando la idea inicial se ha convertido en creencia. A partir de entonces, todo lo que hacemos mantiene y refuerza nuestra creencia. Lo que ha sucedido en este punto es que las creencias ya han dejado de ser simples mapas o recuerdos de las experiencias y se han convertido en estrategias que se emplearán para la planificación e interpretación de acciones futuras.

Cuando creemos algo, actuamos como si fuera verdad. De ahí que no sea fácil encontrar pruebas de su falsedad. Tal como mencionamos en la introducción a este módulo, las creencias actúan como una especie de profecía, y para ello se sirven de su potente efecto de filtro de nuestra percepción. Los hechos se interpretan de acuerdo con las creencias y las excepciones nos sirven para confirmar la regla. Se trata de un círculo de retroalimentación que tiende a perpetuar lo que creemos cierto.

Dado que las creencias constituyen un generador tan potente de significado en nuestras vidas y desempeñan un papel tan central en el proceso de percepción, es esencial que comencemos a hacernos con el control consciente de nuestras creencias, y para ello primero deberemos poder reconocerlas.


 Christian Simón

lunes, 21 de noviembre de 2016

El perdón: aprendiendo a sanar las heridas del pasado

En 2006, la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó una recopilación de investigaciones en torno a la psicología del perdón y la reconciliación  
en el ámbito de conflictos con repercusión a escala social, como los atentados del 11 de septiembre de 2001 y actos de violencia masiva.

En el documento, titulado “Forgiveness: A Sampling of Research Results”, la APA define el perdón como un proceso (o el resultado de un proceso) que involucra un cambio en las emociones y actitudes hacia un ofensor. El resultado del proceso se describe como una disminución en la motivación para tomar represalias o guardar la lejanía respecto a un ofensor a pesar de sus acciones, y requiere dejar ir las emociones negativas que se experimenten hacia él.

El perdón es un proceso independiente que no debe ser confundido con excusar, condonar, indultar ni olvidar. Según la APA, todos estos son, a la vez, procesos individuales que involucran otro tipo de concientización y no conllevan los mismos resultados.

De este modo:

  Excusar implica tomar la decisión de no responsabilizar a una persona o grupo por una acción.

  Condonar supone que no vemos la acción como negativa o inadecuada y que no consideramos necesario perdonar a su autor.

  Indultar equivale a absolver a una persona de los crímenes por los que había sido condenada, y le corresponde únicamente a una figura social representativa.

  Olvidar es remover la ofensa del pensamiento.

EL PERDÓN DEBE SER VISTO POR QUIEN LO CONCEDE COMO UN FAVOR AUTODIRIGIDO QUE VIENE A OTORGAR BENEFICIOS INTERNOS, NO EXTERNOS

El perdón ha sido, como el conflicto, un proceso fundamental en la historia evolutiva del ser humano, así como un tema de atención crítica, no siempre desde el plano científico, pero sí desde la reflexión y el análisis consciente.

A pesar de esto, ha sido cuestión de apenas una década el estudio profundo y sistemático de los factores que influyen en la consolidación del perdón y sus beneficios para quien lo otorga. Como resultado, hoy es posible saber a ciencia cierta que perdonar concede a las víctimas de una ofensa:
  Una mejora en la salud física y mental.
  Una restauración del sentido de empoderamiento personal.
  Una posibilidad clara y sana de reconciliación entre el ofendido y el ofensor.
  Una sensación de esperanza por la resolución de un conflicto.
  Un cambio positivo en el esquema afectivo.

Cuatro claves para el camino hacia el perdón

LA OBSESIÓN CON EL PERDÓN ES TAN MALSANA COMO LA OBSESIÓN CON LA VENGANZA. EL PERDÓN TOMA TIEMPO

Por supuesto, el perdón no es solo un proceso interno esencial para librarse de emociones negativas y reforzar la buena salud mental, también es un camino empinado cuyo recorrido puede implicar años de resentimiento y ansias de tomar represalias en contra de un ofensor.

El énfasis de la psicología en investigar a lo largo de los últimos años acerca de las bases del perdón ha concluido, sin embargo, en algunos datos clave para propiciar la apertura al perdón y hacer más sólido el proceso.
A continuación, se presentan cuatro aspectos derivados de investigaciones científicas para mejorar la disposición al perdón y aprender a sanar las heridas del pasado.

El perdón es para quien lo concede, no para quien lo recibe

Un lastre común que dificulta el perdón es que las personas asumen que el hecho de perdonar equivale a minimizar la gravedad de la ofensa, restar importancia a su sufrimiento o permitir que quien los hirió se salga con la suya.

El psicólogo Frederic Luskin, director del proyecto Stanford Forgiveness Project enfocado a estudiar a las personas que se han visto afectadas por conflictos políticos internacionales, explica que el perdón debe ser visto por quien lo concede como un favor autodirigido que viene a otorgar beneficios internos, no externos.

Perdonar, porque la herida que sufrimos pudo haber sido causada por nosotros en otras circunstancias

El perdón desde la empatía, según el psicólogo Everett Worthington , cuya trayectoria en el estudio del perdón es amplia y destacable, explica que una práctica que impulsa y facilita perdonar es el ejercicio de ponernos en el lugar de la otra persona, es decir, de quien nos lastimó.

Cuando decidimos poner en práctica la empatía somos capaces de abrirnos a los posibles sentimientos o conflictos que nuestro ofensor atravesaba al momento de cometer sus actos.

Una técnica efectiva para esto es el ejercicio de la silla vacía, que consiste en sentarse frente a una silla vacía y vaciarnos emocionalmente como si en ella estuviese sentada la persona que nos ofendió. El proceso incluye cuestionar a esa persona por lo que hizo y, más adelante, cambiar lugares y ocupar su silla para dar respuesta a nuestras propias preguntas.
El ejercicio está pensado para despertar sentimientos de empatía o incluso de lástima hacia el ofensor, lo cual reduce el malestar y las emociones negativas.

El perdón toma (y debería tomar) tiempo
La obsesión con el perdón es tan malsana como la obsesión con la venganza. Perdonar, dice Luskin, toma tiempo y uno debe tener plena conciencia de ello para evitar ejercer presión sobre sí mismo y “dejar que las heridas sanen y que la mente se recupere del trauma”. 

Cuando se trata de conflictos de alto impacto, la psicoterapia es fundamental para ayudar a las personas a asimilar lo ocurrido y apoyar el proceso de perdón, que tampoco tiene por qué suponer un proceso de reconciliación con el ofensor, sino de liberación personal.





domingo, 5 de julio de 2015

EL CORAZÓN ES EL CAMPO MAGNÉTICO MÁS FUERTE DEL CUERPO

EL CORAZÓN ES EL CAMPO MAGNÉTICO MÁS FUERTE DEL CUERPO


Está demostrado que el espacio no está vacío como creíamos, está lleno de esencia viva que recién empezamos a entender y también está demostrado que nuestras experiencias interiores influyen en el mundo a través del espacio.


En 1944 el padre de la física cuántica, Planck lo identificó como la “MATRIZ”, dijo que bajo todo lo visible, incluido nuestro cuerpo, existe una mente consiente e inteligente. Esta mente es “LA MATRIZ DE LA MATERIA”, sabemos que podemos influir en este campo de formas que estamos descubriendo con el corazón, no con la mente. La mente es importante, los antiguos la distinguen de los sentimientos, estos centrados en el CORAZÓN, son “EMOCIONES COHERENTES”. 

Sentir amor, compasión, comprensión, perdón, cambia la autoestima y esto altera los CAMPOS ELECTRO-MAGNÉTICOS del CORAZÓN y éstos cambian la materia que forma lo que nos rodea.

“EL CORAZÓN ES EL CAMPO MAGNÉTICO 
MÁS FUERTE DEL CUERPO”

Los sentimientos inciden en el campo que interconecta la materia y alteramos nuestra realidad de forma casi milagrosa para nuestra ciencia.

Las antiguas culturas indígenas, parten de ahí de que todo está conectado y somos parte de ello, la clave es la unión de PENSAMIENTO-SENTIMIENTO Y EMOCIÓN… EN EL CORAZÓN. Se distinguen tres experiencias corporales relacionadas como por ejemplo; podemos pensar en la relación perfecta o la paz mundial, pero lo atraemos a nuestra vida si insuflamos EMOCIÓN a esa idea.

La EMOCIÓN procede de los 3 centros creativos inferiores. La fuerza de la emoción dota de vida a nuestro PENSAMIENTO y ambas ENERGÍAS se juntan en el CENTRO que falta: “EL CORAZÓN, que los científicos llaman “Oscilador de Cristal líquido del pecho”, éste genera ONDAS ELECTRO-MAGNÉTICAS que influyen en lo que nos rodea, según nuestros PENSAMIENTOS y la EMOCIÓN que les infundamos.

El SENTIMIENTO, según la tradición sánscrita, es
 la “UNIÓN DEL PENSAMIENTO Y LA EMOCIÓN”.

EL SENTIMIENTO es el REZO (la oración) 
el SENTIMIENTO es el “LENGUAJE DIVINO”.

Las oraciones, afirmaciones, creencias, el lenguaje, al comunicar desde el corazón, tienen un gran impacto inmediato en nuestro cuerpo y en mundo, la emoción y las creencias son literalmente un lenguaje NO VERBAL que el CAMPO ENTIENDE, y este campo funciona en “TIEMPO REAL”.


Fuente: Greeg Braden