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sábado, 25 de marzo de 2017

5 heridas emocionales de la infancia que nos siguen dañando como adultos




Las situaciones, conflictos y problemas que vivimos durante la infancia, no siempre se quedan enterrados en el pasado. De hecho, muchas de esas vivencias se quedan enquistadas en lo más profundo del inconsciente y desde ahí ejercen su influjo sobre nuestra vida cotidiana, aunque la mayoría de las veces ni siquiera somos conscientes de ello. 

Cuando sufrimos un trauma o una herida emocional, el niño que aún vive dentro de nosotros, continúa respondiendo como si estuviera en peligro, por lo que nos impide dar respuestas adaptativas, adecuadas a nuestra edad y nivel de madurez. En práctica, ante determinadas situaciones, ese niño asustado, humillado o abandonado, toma el control. Por supuesto, en esos casos, puede hacer más daño que bien.


La Teoría del Apego

Para comprender el efecto que los traumas y las heridas infantiles tienen en nuestra vida como adultos, debemos adentrarnos en la teoría del apego. Según esta, para entender el tipo de relaciones que establecemos en la adultez, es imprescindible mirar hacia atrás, hacia las relaciones que establecimos con nuestros padres o figuras importantes.

Según la teoría del apego, el comportamiento de los padres y las relaciones afectivas que establezcan con sus hijos, tienen profundas implicaciones en la forma en que los niños reaccionarán en el futuro. Esa relación afectiva sobrevivirá a lo largo del tiempo ya que es la base sobre la cual formamos nuestro “yo”. De hecho, en base a esa relación, construimos una serie de modelos internos que nos orientan y nos permiten interpretar el medio. 

Cuando esa relación ha generado un apego seguro, existen grandes probabilidades de que nos convirtamos en personas abiertas y seguras de sí mismas. Cuando ese apego es evitativo, ambivalente o desorganizado, tendremos una visión distorsionada y negativa del mundo y de nosotros mismos, por lo que, a la larga, tendremos que afrontar más conflictos y no poseeremos los recursos psicológicos necesarios para hacerles frente.

Por supuesto, las heridas emocionales de la infancia no son un fardo que debemos arrastrar por siempre, pero es importante aprender a reconocerlas porque solo de esa forma, podremos sanarlas y continuar adelante.

Las heridas infantiles que más duelen en la adultez

1. El rechazo. El miedo al rechazo surge tan pronto como el niño se da cuenta de que es una persona independiente de sus padres, aproximadamente a los dos años de edad. En ese momento, el niño comienza a buscar activamente la aceptación de las figuras que son importantes para él. Si estas personas le rechazan, se creará una herida emocional difícil de cicatrizar ya que genera la creencia de que no es suficientemente bueno ni digno de ser amado. El rechazo en la infancia provoca la descalificación hacia uno mismo y genera una baja autoestima. Se trata de personas que tienen continuamente miedo a fracasar y que necesitan imperiosamente la aprobación de los demás. 

¿Cómo sanar esta herida?

Comienza a valorar tus habilidades positivas y logros. Poco a poco, atrévete a arriesgar y tomar decisiones por ti mismo. Te darás cuenta que a medida que ganas seguridad, la opinión de los demás deja de condicionarte. De esta forma, comenzarás a vivir más plenamente, haciendo lo que de verdad te gusta y apasiona.

2. El abandono. Los niños necesitan a otras personas para crecer, solo a través de ese contacto se forma adecuadamente su personalidad. Sin embargo, si sus padres siempre han estado ausentes, aunque sea desde el punto de vista emocional, ese niño se sentirá abandonado, no tendrá un apoyo a quien recurrir cuando lo necesite. Por eso, las personas que han vivido experiencias de abandono en su infancia, suelen ser inseguras y desarrollan una dependencia emocional, basada en un profundo miedo a que les vuelvan a abandonar.

¿Cómo sanar esta herida?

Ante todo, es importante que aprendas a estar a gusto contigo mismo. No es necesario que siempre tengas a personas a tu alrededor, a veces, la soledad es buena consejera. Recuerda que a lo largo de la vida, nos encontramos con muchas personas y es normal que en cierto punto nuestros caminos se separen. Aprende a abrazar los cambios y desarrolla una visión optimista de las relaciones interpersonales, es posible que al doblar de la esquina haya alguien fabuloso esperando conocerte.

3. La humillación. Se ha demostrado que el rechazo y la humillación social, no solo provocan sufrimiento sino un dolor a nivel físico ya que esta sensación comparte los mismos circuitos cerebrales que el dolor. La humillación ya resulta difícil de sobrellevar para un adulto, por lo que para un niño puede ser una herida atroz. De hecho, es probable que aún recuerdes un hecho de tu infancia en el que te sentiste humillado. Si esa situación se repite con frecuencia, es probable que la persona termine desarrollando un mecanismo de defensa que la convierta en un ser tiránico y egoísta, se trata de una coraza para defenderse de humillaciones futuras.

¿Cómo sanar esta herida?

En este caso, es importante aprender a perdonar. Solo cuando dejamos ir el rencor que hemos guardado durante años, podemos encontrar nuestro verdadero “yo”, que no es un niño asustado que necesita defenderse sino un adulto seguro de sí, que conoce sus capacidades y no duda en defender sus derechos de forma asertiva.

4. La injusticia. Hace poco se descubrió que los niños muy pequeños, de apenas 15 meses, ya tienen un sentido de la justicia lo suficientemente desarrollado como para catalogar una situación como desigual o igualitaria. Por eso, recibir una educación en la que han sido víctimas de injusticias constantes, lacera profundamente su “yo”, transmitiéndoles la idea de que no son merecedores de la atención de los demás. Un adulto que sufrió injusticias de niño puede convertirse en una persona insegura o, al contrario, en alguien cínico que tiene una visión pesimista de la vida. Esta persona tendrá problemas para confiar en los demás y establecer relaciones porque, inconscientemente, piensa que todos le tratarán mal.

¿Cómo sanar esta herida?

Es importante aceptar que las injusticias que se hayan cometido en la infancia, no tienen por qué repetirse en la adultez. Comprende que ahora cuentas con otros recursos para hacer valer tus derechos y recibir un trato mucho más justo.

5. La traición. Una de las cosas que no perdonan los niños, es haber sido traicionados, sobre todo por sus padres. Sin embargo, se trata de una situación bastante común ya que muchos padres hacen promesas que luego no cumplen. De esta forma, generan en el niño la idea de que el mundo es un sitio poco fiable. Sin embargo, si no logramos confiar en las personas, nos convertimos en ermitaños, aislados del mundo, que nunca podrán lograr nada y que se sentirán profundamente solos. Estas personas normalmente se comportan de manera fría, intentan construir un muro en sus relaciones interpersonales y no dejan que los demás entren en su intimidad.

¿Cómo sanar esta herida?

El hecho de que las personas en las que debías confiar te hayan defraudado, no significa que todos lo harán. Para construir relaciones sólidas, es necesario dejar entrar a los demás en tu vida y confiar en ellos. Solo cuando eres capaz de entregarte, los demás se entregarán a ti.


Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga de profesión y por pasión, dedicada a hilvanar palabras.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Psicología del perdón: aprendiendo a sanar las heridas del pasado

Psicología del perdón: aprendiendo a sanar las heridas del pasado


 En 2006, la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó una recopilación de investigaciones en torno a la psicología del perdón y la reconciliación en el ámbito de conflictos con repercusión a escala social, como los atentados del 11 de septiembre de 2001 y actos de violencia masiva.

En el documento, titulado “Forgiveness: A Sampling of Research Results”, la APA define el perdón como un proceso (o el resultado de un proceso) que involucra un cambio en las emociones y actitudes hacia un ofensor. El resultado del proceso se describe como una disminución en la motivación para tomar represalias o guardar la lejanía respecto a un ofensor a pesar de sus acciones, y requiere dejar ir las emociones negativas que se experimenten hacia él.

El perdón es un proceso independiente que no debe ser confundido con excusar, condonar, indultar ni olvidar. Según la APA, todos estos son, a la vez, procesos individuales que involucran otro tipo de concientización y no conllevan los mismos resultados. De este modo:

   Excusar implica tomar la decisión de no responsabilizar a una persona o grupo por una acción.
   Condonar supone que no vemos la acción como negativa o inadecuada y que no consideramos necesario perdonar a su autor.
   Indultar equivale a absolver a una persona de los crímenes por los que había sido condenada, y le corresponde únicamente a una figura social representativa.
   Olvidar es remover la ofensa del pensamiento.

EL PERDÓN DEBE SER VISTO POR QUIEN LO CONCEDE COMO UN FAVOR AUTODIRIGIDO QUE VIENE A OTORGAR BENEFICIOS INTERNOS, NO EXTERNOS

El perdón ha sido, como el conflicto, un proceso fundamental en la historia evolutiva del ser humano, así como un tema de atención crítica, no siempre desde el plano científico, pero sí desde la reflexión y el análisis consciente.
A pesar de esto, ha sido cuestión de apenas una década el estudio profundo y sistemático de los factores que influyen en la consolidación del perdón y sus beneficios para quien lo otorga. Como resultado, hoy es posible saber a ciencia cierta que perdonar concede a las víctimas de una ofensa:

   Una mejora en la salud física y mental.
   Una restauración del sentido de empoderamiento personal.
   Una posibilidad clara y sana de reconciliación entre el ofendido y el ofensor.
   Una sensación de esperanza por la resolución de un conflicto.
   Un cambio positivo en el esquema afectivo.

Cuatro claves para el camino hacia el perdón

LA OBSESIÓN CON EL PERDÓN ES TAN MALSANA COMO LA OBSESIÓN CON LA VENGANZA. EL PERDÓN TOMA TIEMPO

Por supuesto, el perdón no es solo un proceso interno esencial para librarse de emociones negativas y reforzar la buena salud mental, también es un camino empinado cuyo recorrido puede implicar años de resentimiento y ansias de tomar represalias en contra de un ofensor.

El énfasis de la psicología en investigar a lo largo de los últimos años acerca de las bases del perdón ha concluido, sin embargo, en algunos datos clave para propiciar la apertura al perdón y hacer más sólido el proceso.

A continuación, se presentan cuatro aspectos derivados de investigaciones científicas para mejorar la disposición al perdón y aprender a sanar las heridas del pasado.

El perdón es para quien lo concede, no para quien lo recibe

Un lastre común que dificulta el perdón es que las personas asumen que el hecho de perdonar equivale a minimizar la gravedad de la ofensa, restar importancia a su sufrimiento o permitir que quien los hirió se salga con la suya.

El psicólogo Frederic Luskin, director del proyecto Stanford Forgiveness Project enfocado a estudiar a las personas que se han visto afectadas por conflictos políticos internacionales, explica que el perdón debe ser visto por quien lo concede como un favor autodirigido que viene a otorgar beneficios internos, no externos.

Perdonar, porque la herida que sufrimos pudo haber sido causada por nosotros en otras circunstancias

El perdón desde la empatía, según el psicólogo Everett Worthington, cuya trayectoria en el estudio del perdón es amplia y destacable, explica que una práctica que impulsa y facilita perdonar es el ejercicio de ponernos en el lugar de la otra persona, es decir, de quien nos lastimó.

Cuando decidimos poner en práctica la empatía somos capaces de abrirnos a los posibles sentimientos o conflictos que nuestro ofensor atravesaba al momento de cometer sus actos.

Una técnica efectiva para esto es el ejercicio de la silla vacía, que consiste en sentarse frente a una silla vacía y vaciarnos emocionalmente como si en ella estuviese sentada la persona que nos ofendió. El proceso incluye cuestionar a esa persona por lo que hizo y, más adelante, cambiar lugares y ocupar su silla para dar respuesta a nuestras propias preguntas.

El ejercicio está pensado para despertar sentimientos de empatía o incluso de lástima hacia el ofensor, lo cual reduce el malestar y las emociones negativas.

El perdón toma (y debería tomar) tiempo

La obsesión con el perdón es tan malsana como la obsesión con la venganza. Perdonar, dice Luskin, toma tiempo y uno debe tener plena conciencia de ello para evitar ejercer presión sobre sí mismo y “dejar que las heridas sanen y que la mente se recupere del trauma”. 

Cuando se trata de conflictos de alto impacto, la psicoterapia es fundamental para ayudar a las personas a asimilar lo ocurrido y apoyar el proceso de perdón, que tampoco tiene por qué suponer un proceso de reconciliación con el ofensor, sino de liberación personal.


viernes, 4 de noviembre de 2016

ENTENDÁMOS LA ENFERMEDAD; CAMBIEMOS LA VISIÓN



“El hombre se enferma cuando  se siente imposibilitado para expresarse; cuando  sus anhelos no son vividos  y entonces  el cuerpo los expresa.         

La salud plena es la capacidad usar todo nuestro potencial dejándonos expresar como queremos”.



    ENFERMEDAD proviene del latín infirmitas, que significa literalmente «falto de firmeza» Es una oportunidad de cambio, momento de relativizar y de cambiar  la omnipotencia.

    CRISIS=  (del latín crisis, a su vez del griego   κρίσις) es una coyuntura  de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución.

Tanto la enfermedad como la crisis son el cruce donde tengo que decidir por donde debo ir.

En el mundo Griego las personas eran sanadas con rituales mágicos y religiosos. Entraban en el templo algunos días. Si no sanaban los mandaban a casa porque quería decir que la divinidad no quería intervenir. Por esos tiempos estaban las primeras figuras profesionales como Hippocrates  y Galeno. Empezaron a observar que la enfermedad no es un problema de una divinidad que castiga a la persona sino una alteración de los líquidos del cuerpo de esa persona.  Ellos fundan la escuela de Kos donde se inicia el arte médica que se separa de la visión mágico/religiosa.  Observan el cuerpo como posibilidad de equilibrio o desequilibrio. Tenían en consideración la historia pasada, la presente y cuales eran las expectativas del futuro y solo entonces daban una cura.

Por lo tanto enfermedad depende de cuales valores tenemos.    No podemos hablar de una enfermedad sin ver el imaginario simbólico de la persona.  El cuerpo humano funciona en la relación a la cultura en la que esta inmerso. Nuestro cuerpo esta inmerso en una serie de símbolos, significados y valores; por lo que para sanar necesitamos tener en cuenta el mundo personal de símbolos, significados y valores de nuestra cultura. Nadie sana si no cambia su estilo de vida.  Hoy en día se pretende sanar con una inyección sin cambiar el ambiente y motivos que lo llevaron al hospital.



LA “ENFERMEDAD” afecta: 
LA BIO  el cuerpo se modifica LA PSIQUE su identidad se  afecta, se siente menos, LO SOCIAL cierra la relación con el mundo, 
LO ESPIRITUAL se siente traicionado, abandonado.

Necesitamos ampliar en 360 grados la visión del cuerpo entendiendo que  las palabras son bisturíes.  Aplicando el poder de las palabras adecuadas para que la persona pueda tener conciencia de su malestar. Si la persona tiene confianza en quien le comunica tiene mas poder cualquier medicina que esta le ofrezca y  por la contra transferencia quien ayuda también se ayuda cuando da.

Todos los problemas de la vida son un problema de comunicación y la cura es la comunicación.  Un cuerpo no funciona sin la relaciones externas. Entrar en el mundo personal para entender, solo en esa persona, que significado tiene su síntoma. Si la persona tiene confianza en quien le comunica tiene mas poder cualquier medicina que esta le ofrezca.

Necesitamos cuestionarios: “Si morimos porque enfermamos o enfermamos porque somos mortales”. Estamos en grado de ir mas allá de nuestros limites, tener una visión unitaria.  Individuo quiere decir no divisible y nosotros hemos dividido el cuerpo humano del  hombre. El hombre se enferma cuando el hombre es parcial.

No olvidemos que cuando tomamos cualquier medicamento, se da el efecto físico y que influye también quien me lo da, el afecto del otro. La medicina necesita significados simbólicos relacionados a la cultura y del mundo de la persona.


 HOY TENEMOS MAS INSTRUMENTOS QUE AYER PARA CONOCERNOS: 
CONOCETE A TI MISMO, DATE UN LIMITE PARA LO QUE TU PUEDES 
Y DALE UN SENTIDO A TU EXISTENCIA.