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viernes, 30 de marzo de 2018

SUPOSICIONES, EL CONSTANTE HECHO DE INTERPRETAR LA REALIDAD

Suposiciones, el constante hecho de interpretar la realidad
La realidad es la construcción subjetiva de cada individuo que le otorga un "sello propio" a la interpretación de cada hecho.


Suposición es la idea o juicio que se presume cierto, verdadero o real para llevar a cabo un razonamiento o actuar de una determinada manera. A diario se hacen cientos de suposiciones, sobre cómo los demás piensan, sienten y actúan, sin siquiera ser consciente de ello.

Al cerebro le molesta la incertidumbre y el caos; le gusta programar, organizar, encasillar, sacar conclusiones en un intento de dar sentido al mundo que le rodea. Realizar una suposición es hacer una conjetura en base a los indicios que se tienen, para llegar a una conclusión, dando por hecho algo en búsqueda de una explicación y a continuación reforzarla con sucesivos pensamientos y comentarios. Generalmente se termina creyendo aquel hecho "creado", dándolo por sentado, sin cuestionarlo como una posibilidad dentro de un amplio abanico de opciones, asumiéndolo como verdad absoluta y más tarde, ni siquiera recordando el origen de tal afirmación. Así se pueden crear imágenes distorsionadas de personas o sucesos, partiendo de una simple suposición. El cerebro no discrimina mucho entre realidad y lo que "cree" que es la realidad, por ende, reacciona emocionalmente a esa idea, porque la toma como cierta. De hecho, la realidad, es la construcción subjetiva de cada individuo, con la base de las experiencias vividas, lo que le otorga un "sello propio" a la interpretación de cada hecho.

El problema es que dentro del mundo de las suposiciones, existe una tendencia mayoritaria a hacerlo de manera negativa, adversa o catastrófica. Sumado a creer, que muchas de las cosas que pasan tienen que ver con uno mismo. Ninguna de estas suposiciones es productiva, crean problemas, que solo existen en los pensamientos, y se termina sufriendo más con lo que se imagina, que con lo que en realidad sucede. Buda decía: "Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos".

Por otro lado, suponemos que los otros entienden lo que queremos decir, porque es "obvio" lo que se está expresando; sea una cara, una frase y hasta el frío e inexpresivo mensaje de texto. Como también suponemos con qué intención hablan o actúan las personas. Es decir, permanentemente se está interpretando, suponiendo, creyendo, dando por sentado, adjudicando significados o adosando atributos. Y esto se hace sobre situaciones, contenidos verbales, expresiones faciales, entonaciones de frases, lectura de cartas o mensajes en redes sociales. Los problemas en la comunicación humana surgen cuando se establece una crucial distancia entre lo que una persona dice, lo que quiso decir, la manera en que lo expresa y lo que el otro escucha, cree entender e interpreta de ello.

Vivir con otras personas hace que inevitablemente haya en el medio, una distancia entre dos realidades distintas; al provenir de diferentes familias, modos de crianza, valores, contexto social, hasta las prácticas que cada uno haya ido experimentando a lo largo de los años, es la base sobre las que se van construyendo creencias y pensamientos únicos, que pasan a ser ideas directrices en la vida de cada uno. Así se forman los esquemas mentales, que son las estructuras de pensamiento que permiten interpretar y categorizar la información proveniente de alrededor; a partir de ellos se organizan las ideas acerca de uno mismo, de los otros y del mundo. De este modo construimos un lente a través del cual accedemos a la realidad. Al empezar a desarrollar un vínculo con personas y situaciones, es cuando este escenario de fondo se pone en acción ante cada contacto.

Estas formas de construir la realidad guían las emociones y las acciones. Por lo tanto, en muchas ocasiones se convierten en profecías autocumplidas. Hay estudios que señalan que las personas tienden a tomar distancia de los hechos que van en contra de sus creencias. Se tiende a producir sistemáticamente, ciertas respuestas frente a diversas situaciones, lo que se conoce como los "sesgos cognitivos", que expresan poca flexibilidad de adaptación a distintos contextos y repiten un estilo de pensamiento. Es importante mencionar que todo esto es aprendido, y como todo aprendizaje se puede revisar, corregir y volver a aprender.

Es necesario verificar, preguntar, averiguar, experimentar. Dejar de suponer es complicado, ya que se trata de un mecanismo natural y una tendencia muy arraigada a buscar respuestas y explicaciones. Pero lo que se puede hacer es "aprender a concientizarlas suposiciones" y a disminuir de este modo su impacto, antes de darlo por cierto, dejando lugar a la confirmación. Un diálogo con la persona implicada, dando la oportunidad de expresarse, es más productivo que un diálogo interno o con un tercero, basado en supuestos. Una vez que se cerciora la información, se puede actuar con una base más confiable.

Preguntar, buscar opiniones externas, es la mejor manera de ampliar los horizontes e incluir nuevas perspectivas de análisis. Los juicios, muchas veces elevan una pared que bloquea el paso a nuevas experiencias, esto sofoca la creatividad y convierte a la persona en rutinaria y estancada. Flexibilizar y poner en tela de juicio los pensamientos, especialmente aquellas cogniciones que interfieren negativamente con la vida, es una estrategia de gran ayuda.

Si damos por sentado que lo que suponemos es lo correcto, estamos sentenciando, juzgando y considerando nuestra interpretación como indiscutible, única y real. Nos situamos en el lugar de "creer" ser objetivos, poseedores de la verdad, dueños de la razón. Es aquí donde tenemos que detenernos y trabajar. Aceptar que "de tal manera, de cierto modo", comprendemos y estamos mirando lo que ha sucedido, lo cual sólo constituye una parcialidad, un esbozo o un recorte propio "de mi visión" repleta de sesgos. Una humilde, subjetiva y particular mirada. Expresar que es sólo nuestro modo de entender, sin intentar forzar, obligar, exigir o convencer a quien tengo enfrente, en que sólo yo estoy en lo correcto. Este seria el objetivo; expresar sin imponer, argumentar con modestia, disentir con respeto, escuchar con apertura, aceptar mi limitación, no dar por "obvio", no sobreentender lo no acordado explícitamente y como eje para una vida más funcional, preguntar para no suponer.

Carina Saracco y Mauricio Girolamo




lunes, 22 de junio de 2015

Agresión encubierta

Agresión encubierta

He aquí un fragmento del libro ''En ropa de Oveja" de George K. Simon.



Existen dos tipos básicos de agresión:
la agresión abierta y la agresión encubierta. Cuando estás determinado a tener algo y eres abierto, directo y claro en tu manera de pelear, tu comportamiento es mejor etiquetado como abiertamente agresivo. Cuando estás dispuesto a "ganar", dominar o controlar, pero eres lo suficientemente sutil, taimado o engañoso como para esconder tus intenciones, tu comportamiento es más apropiadamente etiquetado como cubiertamente agresivo. Ahora, evitar cualquier manifestación abierta de agresión, mientras que simultáneamente intimidas a otros para que te den lo que quieres, es una maniobra de manipulación muy poderosa. Es por eso que la agresión encubierta es el medio más frecuente de manipulación interpersonal

El proceso de victimización

Durante mucho tiempo, me pregunté por qué a las víctimas de la manipulación les lleva tanto tiempo ver lo que realmente ocurre en las interacciones de manipulación. Primeramente, estaba tentado a criticarlos. Pero he aprendido que quedaban embaucados por algunas razones muy importantes:

1- La agresión de un manipulador no es obvia. Nuestros instintos podrían decirnos que ellos están peleando por algo, luchando por vencernos, por obtener poder o salirse con la suya, y nos encontramos inconscientemente en la defensiva. Pero debido a que no podemos demostrar claramente una evidencia objetiva de que nos están agrediendo, no podemos fácilmente validar nuestros sentimientos.

2- Las tácticas que emplean los manipuladores pueden dar la impresión de que están sufriendo, cuidándose, defendiéndose..., casi cualquier cosa excepto una pelea. Estas tácticas son difíciles de reconocer meramente como hábiles estratagemas. Siempre tienen suficiente sentido como para hacer que una persona dude de su corazonada de que otro se está aprovechando de ellas o que están siendo abusadas. Por otro lado, las tácticas no solo te dificultan el decir consciente y objetivamente que el manipulador está peleando, sino que también te mantienen simultáneamente o conscientemente en la defensiva. Estas características los convierten en armas psicológicas altamente eficaces ante las cuales cualquiera puede ser vulnerable. Es difícil pensar claramente cuando alguien lo tiene a uno atrapado emocionalmente.

3- Todos nosotros tenemos debilidades e inseguridades, lo cual un manipulador hábil podría explotar. 

A veces, somos conscientes de esas debilidades y de cómo alguien podría usarlas para aprovecharse de nosotros. Por ejemplo, yo escucho padres decir cosas como: "Sí, sé que tengo como un botón que despierta el sentimiento de culpa."- Pero a la vez su hijo manipulador está enérgicamente presionando ese botón. Ambos pueden olvidar fácilmente qué esta pasando. Por otro lado, a veces no nos damos cuenta de nuestras vulnerabilidades más grandes. Con frecuencia, los manipuladores nos conocen mejor que nosotros mismos. Ellos saben qué botones apretar, cuando y cuán fuerte pulsarlos. Nuestra falta de auto-conocimiento nos expone a ser explotados.

4- Lo que nuestros instintos acerca de cómo es un manipulador no dicen desafía todo lo que se nos enseñó a creer acerca de la naturaleza humana. Hemos sido inundados con una psicología que hace que veamos a todos, al menos hasta un cierto punto, como temerosos, inseguros o "preocupados". Entonces, mientras nuestros instintos nos dicen que estamos lidiando con un conspirador despiadado, nuestra mente nos dice que debemos tener realmente miedo o estar heridos "por debajo". Más aún, la mayoría de nosotros odia verse como personas insensibles y crueles. Dudamos emitir juicios severos y aparentemente negativos acerca de otros. Queremos darles el beneficio de la duda y asumir que ellos realmente no esconden las intenciones malévolas que sospechamos. Estamos más aptos para dudar y culparnos por atrevernos a creer lo que nuestros instintos nos dicen acerca del carácter de nuestro manipulador. [...]

Mientras tanto, desde cierta perspectiva, podríamos decir que alguien que se dedica a tener estos comportamientos está defendiéndose algún sentido de vergüenza o culpa. Es importante darse cuenta que al momento que el agresor esta exhibiendo tal conducta, no está defendiéndose en primer lugar (es decir, intentando prevenir que ocurra un evento internamente doloroso), sino mas bien peleando por mantener su posición, obtener poder, y remover cualquier obstáculo (tanto interno como externo) a modo de obtener lo que quiere.

En toda circunstancia, ver al agresor como alguien a la defensiva es una situación propicia para la victimización.
Reconocer que ellos están principalmente en un modo ofensivo prepara mentalmente a una persona para la acción decisiva que tiene que tomar si desea evitar ser atropellada.

Por eso, pienso que es mejor cambiar el concepto acerca muchos de los comportamientos mentales (sin importar cuán "automáticos" o "inconscientes" parezcan) los cuales frecuentemente consideramos como mecanismos de defensa o tácticas de poder ofensivo, ya que las personalidades agresivas las emplean principalmente para manipular, controlar y lograr dominio sobre otros.

Más que prevenir que pase algo emocionalmente doloroso o espantoso, cualquiera que emplee estas tácticas está primordialmente tratando de asegurarse de ocurra lo que él desea.

Negación - Esto sucede cuando el agresor se niega a admitir que ha hecho algo dañino o hiriente cuando está bien claro que así fue. Es una manera de mentir (tanto a uno mismo como a los demás), acerca de sus intenciones agresivas. Esta táctica del "¿quién...yo?" es una manera de "hacerse el inocente", e invita a la víctima a sentirse sin ninguna justificación como para confrontar al agresor acerca de lo inapropiado de un comportamiento. Es también la manera en que el/la agresor/a se permite seguir haciendo lo que quiere. Esta negación no es el mismo tipo de negación que el de una persona que acaba de perder a un ser querido y no puede aceptar el dolor y la realidad de la pérdida. Eso es más bien una "defensa" contra un dolor y ansiedad insoportable. En cambio, la negación a la cual nos referimos no es un mecanismo de "defensa" sino una maniobra que el agresor utiliza para hacer desistir a los otros, echarse atrás o inclusive tal vez hacerlos sentir culpables por insinuar que estaba haciendo algo malo.

Inatención selectiva - Esta táctica es similar y a veces se la confunde con la negación. Hace referencia a los momentos en que el agresor "se hace el tonto" o ignorante. Cuando emplea esta táctica, el agresor ignora activamente las advertencias, pedidos o súplicas de los demás, y en general, se rehúsa a prestar atención a cualquier cosa que lo desvíe de sus objetivos. Con frecuencia, el agresor sabe muy bien lo que uno quiere de él cuando comienza a exhibir su actitud de "¡no quiero escucharlo!". Al usar esta táctica, el agresor activamente se resiste a someterse a la tarea de prestar atención…

Racionalización - Una racionalización es la excusa que un agresor trata de ofrecer por dedicarse a un comportamiento inapropiado o dañino. Puede ser una táctica eficaz, especialmente cuando la explicación o la justificación que el agresor ofrece tienen suficiente sentido al punto que cualquier persona con una conciencia razonable, probablemente cae en la trampa por eso. Es una táctica poderosa porque no sólo sirve para remover cualquier resistencia interna que el agresor pueda tener acerca de su proceder (aquietando cualquier escrúpulo que pueda tener) sino que también mantiene a otros lejos de sus espaldas. Si el agresor puede convencer a uno que cualquier cosa que haga se justifica, entonces tendrá más libertad para lograr sus metas sin obstáculos. […]

Desvío - Un blanco en movimiento es más difícil de golpear. Cuando tratamos de sujetar a un manipulador o de mantener la discusión focalizada en un comportamiento o asunto en particular que no nos gusta, él es un experto en saber como cambiar de tema, evadir el asunto o de alguna manera echarnos una culpa. Los manipuladores usan las técnicas de distracción y desvío para mantener alejado el foco de atención en su comportamiento, dejarnos fuera de la pista, y conservar la libertad de ejecutar sus planes ocultos de servicio a sí mismos. […]

Mentira - Frecuentemente es difícil decir cuando una persona está mintiendo en el momento que lo está haciendo. Afortunadamente, hay ocasiones en que la verdad salea la luz porque las circunstancias no corroboran la historia de alguien. Pero también hay ocasiones en que uno no sabe si fue engañado hasta que es demasiado tarde. Un modo de minimizar las posibilidades de que alguien nos engañe es recordar que, ya que las personalidades agresivas de todos los tipos no se detendrán nunca hasta lograr lo que se proponen, es de esperar que mientan y engañen.

Cabe recordar también que los manipuladores – teniendo personalidades agresivas encubiertas – tienen tendencia a mentir de manera sutil, encubierta. Los tribunales son bien concientes de las muchas maneras en que la gente miente, ya que exigen que bajo juramento en la corte los testigos digan "la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad". Con frecuencia los manipuladores mienten ocultando una cantidad significativa de verdad o distorsionándola. Son adeptos a ser imprecisos cuando se les hacen preguntas directas. Esta es una manera especialmente hábil de omitir la mentira. Recuerde esto al lidiar con un sospechoso de ser un lobo en piel de oveja.

Intimidación encubierta - Los agresores amenazan frecuentemente a sus víctimas para mantenerlas ansiosas, aprensivas y en una posición de inferioridad. Los agresivos encubiertos intimidan a sus víctimas haciendo amenazas veladas (sutiles, indirectas o tácitas). La activación de la culpa y la vergüenza son dos de las armas favoritas del agresivo encubierto. Ambas son tácticas especiales de intimidación.

Activación de la culpa - Una cosa que las personalidades agresivas saben bien es que los otros tipos de personas tienen consciencias muy diferentes a la suya. A menudo los manipuladores son expertos a la hora de utilizar lo que ellos ven como una mayor capacidad de consciencia acerca de sus víctimas como un medio de mantenerlos en una posición auto-dubitativa, ansiosa y sumisa. Cuanto más concienzuda sea la víctima potencial, más servirá de arma la culpa.

Todas las personalidades agresivas usan la activación de la culpa tan frecuente y efectivamente como táctica de manipulación que creo que eso ilustra lo fundamentalmente diferentes de carácter que son comparados con otras personalidades (especialmente neuróticas). Todo lo que un manipulador tiene que hacer es sugerir a la persona concienzuda que no ésta no le da la suficiente importancia, que es demasiado egoísta, etc. Y esa persona inmediatamente comienza a sentirse mal. Por el contrario, una persona con consciencia moral podría intentar incansablemente lograr que un manipulador (o cualquier otra personalidad agresiva) se sienta mal por su comportamiento dañino, reconozca su responsabilidad, admita su accionar incorrecto, hasta más no poder, sin obtener resultados.

Vergüenza - Esta técnica consiste en usar un sarcasmo sutil y dar explicaciones que aumenten en los demás el miedo y la duda de uno mismo. Los agresivos encubiertos emplean esta táctica para hacer que los otros se sientan inadecuados e indignos, y de esta manera, diferir con ellos. Es una manera eficaz de abrigar una continua sensación de inadecuación en el individuo más débil, permitiendo de esta manera a un agresor mantener una posición de dominio. […]

Adopción del papel de víctima - Esta táctica incluye retratarse a sí mismo como una víctima inocente de las circunstancias o del comportamiento de alguien más con el objetivo de obtener simpatía, evocar compasión y de esta manera obtener algo de otro. Algo que las personalidades agresivas encubiertas tienen en cuenta es que las personas menos crueles y hostiles, por lo general no pueden soportar presenciar el sufrimiento de otros. Por eso, la táctica es simple. “Convence a tu víctima de que estás sufriendo de alguna manera, y tratará de aliviar tu angustia.” […]

Humillación a la víctima - Esta táctica es utilizada frecuentemente juntos con la de hacerse pasar por víctima. El agresor emplea esta táctica para aparentar que solamente está respondiendo (es decir: defendiéndose a sí mismo) de una agresión por parte de la víctima. Esto le permite al agresor poner a la víctima aún más en la defensiva. […]

Adopción del papel de sirviente –Los agresivos encubiertos emplean esta táctica para encubrir sus fines egoístas, disfrazándolos de algo al servicio de una causa noble. Es una táctica común pero difícil de reconocer. Al simular estar trabajando por el bien de alguien más, el agresivo encubierto oculta su propia ambición, deseo de poder, y búsqueda de una posición de dominio sobre otros. […]

Un escándalo reciente que envolvió a un tele-evangelista resultó en que los dirigentes de su iglesia lo censuraran por un año. Pero él le dijo a su congregación que no podría detener su ministerio porque tenía que ser fiel a la voluntad del Señor. (Supuestamente Dios le había hablado y dicho que no se fuera). Este ministro estaba desafiando claramente la autoridad establecida de su iglesia. Aún así se presentó como una persona humildemente sumisa a la autoridad "superior". Una característica típica de las personalidades agresivas encubiertas es la de profesar sumisión en voz alta mientras que pelean por el dominio.

Seducción - Las personalidades agresivas encubiertas son adeptas a encantar, alabar, congratularse o apoyar abiertamente a otros con el objetivo de lograr bajar sus defensas y obtener su confianza y lealtad. Los agresivos encubiertos son también particularmente conscientes de la gente que es hasta cierto punto necesitada y dependiente a nivel emocional (y eso incluye a la mayoría de la gente que no sufre de ningún trastorno psicológico). De quienes quieren principalmente aprobación, consuelo, y sentirse valorados y necesitados. Aparentar ser atento a estas necesidades puede ser el pasaje del manipulador hacia un poder increíble sobre los demás.

Proyección de la culpa (culpar a otros) - Las personalidades agresivas siempre están buscando una manera de invertir la culpa por su comportamiento agresivo. No sólo tienen la habilidad de encontrar chivos expiatorios, sino que también son expertos en hacerlo tan sutilmente que es difícil detectar sus tácticas.

Minimización - Esta táctica es una manera infalible de negación combinada con racionalización. Al emplear esta maniobra, el agresor está intentando imponer la idea de que su comportamiento abusivo no es realmente tan dañino o irresponsable como otros podrían afirmar. Es el intento del agresor de reducir todo a algo lo más insignificante posible.


He presentado las tácticas principales empleadas por los agresivos encubiertos usan para manipular y controlar a otros. No siempre son fáciles de reconocer. Aunque todas las personalidades agresivas tienden a utilizar estas tácticas, los agresivos encubiertos generalmente lo hacen con mucha habilidad, sutilmente y de un modo experto. Cualquiera que lidie con una personalidad agresiva y que desee evitar ser engañada necesitará agudizar sus instintos frente al uso de estas tácticas.