Mostrando entradas con la etiqueta Salud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salud. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de abril de 2018

ASÍ PUEDES MEJORAR TU INTELIGENCIA EMOCIONAL



Muchos de nosotros tendemos a sobreestimar nuestra inteligencia emocional, según un profesor del Centro de Estudios de la Infancia en Yale.



Quizá pienses que eres más o menos inteligente pero, ¿tienes inteligencia emocional?
Porque es nuestra inteligencia emocional la que nos da la habilidad para entender nuestros sentimientos instintivos y los de los demás. También nos permite entender y etiquetar nuestras emociones así como expresarlas y regularlas, según Mac Brackett, de la Universidad de Yale.
Muchos de nosotros probablemente pensemos que podemos hacer todo eso. Detectamos y entendemos las emociones en nosotros mismos y en los demás y las etiquetamos con precisión para guiar nuestros pensamientos y acciones.
Pero muchos de nosotros tendemos a sobreestimar nuestra inteligencia emocional, según Brackett, un profesor en el Centro de Estudios de la Infancia en Yale y director fundador del Centro de la Inteligencia Emocional de Yale.
Esto es importante porque los expertos dicen que la habilidad para leer, entender y responder a nuestras emociones y las de otros es un factor crucial en la predicción de nuestra salud, felicidad y éxito personal y profesional.
Así que quizá todos nosotros necesitemos invertir un poco de más tiempo en educarnos a nosotros mismos en lo que significa la inteligencia emocional.
Entender la inteligencia emocional
La teoría de la inteligencia emocional —y el término en sí mismo— tienen su origen en Yale y en la Universidad de New Hampshire. Peter Salovery, el 23º presidente de la Universidad de Yale, y John "Jack" Mayer, profesor de psicología de la Universidad de New Hapshire, escribieron la teoría en 1990, recordó Brackett.
Su trabajo demostró cómo las emociones tenían un impacto en el mercado y en los pensamientos y conductas individuales, dijo Robin Stern, directora asociado del Centro de Yale de la Inteligencia Emocional y educador, autor y psicoanalista.
Los expertos han seguido construyendo sobre ese marco para refinar las definiciones de qué es exactamente lo que está en el núcleo de la inteligencia emocional. "La inteligencia emocional es ser inteligente acerca de sus sentimientos. Es cómo usar sus emociones para informar su pensamiento y usar su pensamiento para informar sus emociones", dijo.
Es tener conciencia de cómo tus emociones impulsan tus decisiones y comportamientos para que puedas involucrarte efectivamente e influir en los demás, dijo Sara Canaday, una oradora líder y autora. Las personas que son emocionalmente inteligentes tienden a ser empáticas, pueden ver las situaciones desde un punto de vista alternativo, se les considera de mente abierta, se recuperan de los desafíos y persiguen sus objetivos a pesar de los obstáculos que puedan enfrentar, de acuerdo con Canaday.
¿Por qué importa la inteligencia emocional?
Las personas con un bajo nivel de inteligencia emocional pueden tener éxito, dijo Canaday, pero argumenta que esas personas podrían ser aún más exitosas si tuvieran un nivel más alto de inteligencia emocional.
"Es qué tan bien puedes colaborar, qué tan bien te relacionas con los demás e influyes. Son las historias que puedes contar, la forma en que puedes hacer que los datos cobren vida de una manera que se conecte con los demás. Esas son las cosas que van a destacarte".
Probar la inteligencia emocional
Científicos del comportamiento han creado una serie de autoevaluaciones de la inteligencia emocional, generalmente desglosadas en "tu capacidad de autogestión, tu capacidad para gestionar las relaciones, tu autoconciencia y tu conciencia social", según Canaday.
Pero Brackett alerta de que "las mediciones son un tema difícil".
En sus primeras investigaciones, encontró que la gente tenía a sobreestimar su inteligencia emocional, motivo por el que cree que habría que medirla por evaluaciones de las actuaciones. En una evaluación de desempeño se requiere que las personas resuelvan problemas. Deben decodificar expresiones faciales o crear estrategias en una situación emocionalmente tensa. De esta manera, sus conocimientos y habilidades pueden ser probados en oposición a sus creencias sobre sí mismos.
Otra forma de prueba de inteligencia emocional es una "evaluación 360".
En el entorno laboral, una evaluación 360 es un proceso que involucra la retroalimentación de colegas y supervisores que evalúan la inteligencia emocional de una persona. Canaday cree que a menudo "nos vemos a nosotros mismos de manera diferente que otros".
Pero, advierte Canaday, si solicitas la opinión de alguien, estate preparado para aceptar lo que comparten. "Esto puede parecer muy personal. De una vez, decimos que queremos aprender y crecer, pero por otro lado, queremos ser aceptados tal como somos, y esos dos rasgos humanos van en contra".

¿Es posible mejorar la inteligencia emocional?

En los primeros años de vida, los niños deben ser educados en cómo reconocer sus emociones, entender lo que esas emociones significan y etiquetarlas con exactitud para expresarse y gestionarse a sí mismo, indica Stern.
Para aquellos adultos que no recibieron una educación emocional sólida, mejorar requerirá algo de trabajo duro. Canadya recomienda crear un plan de acción con objetivos específicos. "Selecciona una o dos áreas en las que quieras crecer, y recibe algunos consejos sobre cómo comenzar a incorporar el factor de inteligencia emocional que estás tratando de desarrollar".
Si quieres mejorar tu control de la ira, por ejemplo, puedes encontrar una salida saludable para ella, ya sea yoga, meditación o boxeo.
Canaday también sugiere buscar perspectivas de aquellos que pueden no estar de acuerdo contigo. "Sé intencional al respecto. Toma medidas activas para hacer eso. Si constantemente te rodeas de personas que creen lo mismo que tú, entonces estás escuchando las mismas conversaciones, y no estás creciendo, y no estás aprendiendo a estar abierto a las perspectivas".
Brackett aconseja buscar estrategias que sean efectivas para manejar las emociones. Practícalas y luego evalúa cómo funcionan esas estrategias para ti. Es importante "dedicar tiempo a reflexionar y pensar sobre tu influencia y cómo las personas responden a tus emociones, ser más conscientes de ti y tu presencia social".
Stern sugiere prolongar el tiempo entre el momento en que alguien te provoca y cuando respondes. Pausa, reduce la velocidad y respira profundamente. Imagina cómo es tu mejor yo. Tomarse el tiempo para hacer una pausa y pensar en lo que tu mejor yo haría en cada situación puede ayudarte a evitar que tus emociones te controlen. Te estás dando tiempo para manejar tus emociones.
Cómo nos hablamos a nosotros mismos también tiene un gran impacto en nuestras emociones y nuestra salud si esa autocharla no es positiva, asegura Stern. Ella sugiere que nunca deberíamos hablar a otras personas de la forma en que nos hablamos a nosotros mismos.
"No hay dudas en mi mente de que si las personas realmente apreciaran lo importantes que son las emociones, se permitieran emociones, dieran espacio para que otras personas tuvieran sus emociones y manejaran esas emociones hábilmente al servicio de hacer un mundo mejor, de hecho tendrían un mundo mejor".

 Fuente: CNN Español

lunes, 21 de noviembre de 2016

El perdón: aprendiendo a sanar las heridas del pasado

En 2006, la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó una recopilación de investigaciones en torno a la psicología del perdón y la reconciliación  
en el ámbito de conflictos con repercusión a escala social, como los atentados del 11 de septiembre de 2001 y actos de violencia masiva.

En el documento, titulado “Forgiveness: A Sampling of Research Results”, la APA define el perdón como un proceso (o el resultado de un proceso) que involucra un cambio en las emociones y actitudes hacia un ofensor. El resultado del proceso se describe como una disminución en la motivación para tomar represalias o guardar la lejanía respecto a un ofensor a pesar de sus acciones, y requiere dejar ir las emociones negativas que se experimenten hacia él.

El perdón es un proceso independiente que no debe ser confundido con excusar, condonar, indultar ni olvidar. Según la APA, todos estos son, a la vez, procesos individuales que involucran otro tipo de concientización y no conllevan los mismos resultados.

De este modo:

  Excusar implica tomar la decisión de no responsabilizar a una persona o grupo por una acción.

  Condonar supone que no vemos la acción como negativa o inadecuada y que no consideramos necesario perdonar a su autor.

  Indultar equivale a absolver a una persona de los crímenes por los que había sido condenada, y le corresponde únicamente a una figura social representativa.

  Olvidar es remover la ofensa del pensamiento.

EL PERDÓN DEBE SER VISTO POR QUIEN LO CONCEDE COMO UN FAVOR AUTODIRIGIDO QUE VIENE A OTORGAR BENEFICIOS INTERNOS, NO EXTERNOS

El perdón ha sido, como el conflicto, un proceso fundamental en la historia evolutiva del ser humano, así como un tema de atención crítica, no siempre desde el plano científico, pero sí desde la reflexión y el análisis consciente.

A pesar de esto, ha sido cuestión de apenas una década el estudio profundo y sistemático de los factores que influyen en la consolidación del perdón y sus beneficios para quien lo otorga. Como resultado, hoy es posible saber a ciencia cierta que perdonar concede a las víctimas de una ofensa:
  Una mejora en la salud física y mental.
  Una restauración del sentido de empoderamiento personal.
  Una posibilidad clara y sana de reconciliación entre el ofendido y el ofensor.
  Una sensación de esperanza por la resolución de un conflicto.
  Un cambio positivo en el esquema afectivo.

Cuatro claves para el camino hacia el perdón

LA OBSESIÓN CON EL PERDÓN ES TAN MALSANA COMO LA OBSESIÓN CON LA VENGANZA. EL PERDÓN TOMA TIEMPO

Por supuesto, el perdón no es solo un proceso interno esencial para librarse de emociones negativas y reforzar la buena salud mental, también es un camino empinado cuyo recorrido puede implicar años de resentimiento y ansias de tomar represalias en contra de un ofensor.

El énfasis de la psicología en investigar a lo largo de los últimos años acerca de las bases del perdón ha concluido, sin embargo, en algunos datos clave para propiciar la apertura al perdón y hacer más sólido el proceso.
A continuación, se presentan cuatro aspectos derivados de investigaciones científicas para mejorar la disposición al perdón y aprender a sanar las heridas del pasado.

El perdón es para quien lo concede, no para quien lo recibe

Un lastre común que dificulta el perdón es que las personas asumen que el hecho de perdonar equivale a minimizar la gravedad de la ofensa, restar importancia a su sufrimiento o permitir que quien los hirió se salga con la suya.

El psicólogo Frederic Luskin, director del proyecto Stanford Forgiveness Project enfocado a estudiar a las personas que se han visto afectadas por conflictos políticos internacionales, explica que el perdón debe ser visto por quien lo concede como un favor autodirigido que viene a otorgar beneficios internos, no externos.

Perdonar, porque la herida que sufrimos pudo haber sido causada por nosotros en otras circunstancias

El perdón desde la empatía, según el psicólogo Everett Worthington , cuya trayectoria en el estudio del perdón es amplia y destacable, explica que una práctica que impulsa y facilita perdonar es el ejercicio de ponernos en el lugar de la otra persona, es decir, de quien nos lastimó.

Cuando decidimos poner en práctica la empatía somos capaces de abrirnos a los posibles sentimientos o conflictos que nuestro ofensor atravesaba al momento de cometer sus actos.

Una técnica efectiva para esto es el ejercicio de la silla vacía, que consiste en sentarse frente a una silla vacía y vaciarnos emocionalmente como si en ella estuviese sentada la persona que nos ofendió. El proceso incluye cuestionar a esa persona por lo que hizo y, más adelante, cambiar lugares y ocupar su silla para dar respuesta a nuestras propias preguntas.
El ejercicio está pensado para despertar sentimientos de empatía o incluso de lástima hacia el ofensor, lo cual reduce el malestar y las emociones negativas.

El perdón toma (y debería tomar) tiempo
La obsesión con el perdón es tan malsana como la obsesión con la venganza. Perdonar, dice Luskin, toma tiempo y uno debe tener plena conciencia de ello para evitar ejercer presión sobre sí mismo y “dejar que las heridas sanen y que la mente se recupere del trauma”. 

Cuando se trata de conflictos de alto impacto, la psicoterapia es fundamental para ayudar a las personas a asimilar lo ocurrido y apoyar el proceso de perdón, que tampoco tiene por qué suponer un proceso de reconciliación con el ofensor, sino de liberación personal.





domingo, 21 de diciembre de 2014

CÓMO LOS ALIMENTOS PUEDEN ARMONIZAR NUESTRAS EMOCIONES


La medicina tradicional china relaciona los distintos sabores, elementos, las estaciones y las emociones con los diversos órganos del cuerpo.

Alegría: Cuando se desboca puede alterar el funcionamiento del corazón y el intestino delgado. El sabor que la potencia cuando falta y la controla cuando sobra es el amargo, propio de las hortalizas como la alcachofa, el espárrago, el brocoli, la escarola o la lechuga.

Tristeza. Este sentimiento puede estar vinculado con un desequilibrio de pulmón o del intestino grueso. Puede atenuarse introduciendo en la dieta habitual un poco de sabor picante -también en Occidente se relaciona con la alegría- a través de especias y alimentos como la guindilla, la nuez moscada, el curry, la pimienta negra, la mostaza, el berro, el rábano, el ajo o el puerro.

Preocupación:
Si es excesiva puede afectar al funcionamiento del bazo y del estómago. Para moderar esa emoción pueden tomarse alimentos dulces y saludables. Frutas como la manzana, la uva, el melocotón o el plátano; cereales como el mijo, el arroz y el trigo; lo garbanzos; hortalizas como la remolacha, la zanahoria y el calabacín; y otros alimentos como la miel y las nueces, aportan seguridad emocional. Por supuesto, en ningún caso tiene sentido el abuso de estos alimentos. Los terapeutas chinos recomiendan siempre la presencia de todos los sabores y el equilibrio.

Cólera: La ira puede deberse en parte al exceso de “fuego” en el hígado y la vesícula biliar. El sabor que equilibra estos órganos es el ácido, así que a una persona afectada por la cólera le convienen los alimentos frescos y ácidos como las frutas cítricas. Los damascos, las fresas o las cerezas.

Miedo: Se relaciona con un exceso de “frio” en el riñón y la vejiga. Incrementar la presencia de alimentos salados en la dieta puede ayudar a regular esta emoción. La sal marina, el ajo, los pescados, el arroz integral o las semillas de sésamo son algunos alimentos recomendables


sábado, 20 de diciembre de 2014

CÓMO SE DEFINE LA SALUD EN TERAPIA FLORAL


CÓMO SE DEFINE LA SALUD EN TERAPIA FLORAL
Patricia Kaminski

¿Se trata de ausencia de enfermedad o de malestar? ¿Se trata de algún cierto estado de iluminación o de éxtasis? ¿Se trata, acaso, de cuánto tiempo viviremos, o de cómo se comparan las estadísticas de nuestras constantes vitales con ciertos patrones sociales establecidos? ¿Es quizás un estado impreciso de neutralidad emocional en el que nunca sufrimos de estrés, de preocupación, o de rabia?
 Desde el punto de vista de la terapia floral, tendríamos que responder “no” a todas las preguntas arriba planteadas. Nuestro propósito en relación con la salud es un equilibrio dinámico en el cual cuerpo, alma y espíritu pueden participar en su conjunto.
La salud es la capacidad de celebrar la vida, de sumergirnos de forma completa en nuestros cuerpos y en el mundo en el que vivimos. Es también entusiasmo y sentido de propósito en aquello que hacemos, en el trabajo, en la familia, en la vida social, en la expresión creativa, y en la contemplación interior.
La verdadera salud nos da también capacidad de hacer frente a la adversidad y al sufrimiento, de entrar en la imperfección y en la contradicción. La enfermedad y la desgracia no son enemigos, sino que son los maestros gracias a los cuales, aprendemos, crecemos y evolucionamos.
Buscar solamente la perfección física, tal y como algunos programas de salud basados en actitudes materialistas proponen, puede resultar en enfermedad y en estancamiento para el alma; de hecho, la enfermedad es con frecuencia la forma en la que los mundos superiores nos inician, creando las condiciones gracias a las cuales podemos cambiarnos a nosotros mismos de forma radical en todos los niveles, desde lo celular hasta lo espiritual. Entonces la salud deja de ser la ausencia de enfermedad para convertirse en la capacidad de enfrentar, de transformar y de comprendernos, de hecho, mejorar físicamente cuando atendemos al trabajo interior que no es requerido, al tiempo que podemos también aprender a sobrellevar un hándicap o un impedimento dados. Al tiempo que el alma sabia respeta de forma profunda ese templo que es el cuerpo, también aprende el cuándo y el cómo dejarse ir en el sufrimiento, en el envejecimiento y en la muerte, dándose cuenta que esos son umbrales a través de los cuales ella pasa desde un estadio hacia otro.
Buscar solamente la perfección espiritual, de forma que aislemos nuestras vidas de manera tan cuidadosa que no haya situación adversa o tentación corporal que nos saque de nuestro equilibrio, también puede ser un error. Con ese enfoque con frecuencia suprimimos, en lugar de transformar, las partes de sombra de nosotros mismos impidiendo así nuestra evolución; el orgullo espiritual nos impide ser completamente humildes y humanos. Bach escribió: “el deseo de ser bueno, el deseo de ser Dios, puede ser un obstáculo tan grande en la vida espiritual como lo son el deseo de riquezas y de poder en la experiencia terrenal. Cuantos más avanzamos, mayores serán la humildad y la paciencia, al igual que el deseo de servir”; la verdadera salud es una forma en la que el espíritu sigue encontrándose con la personalidad, en lugar de cerrarse y apartarse de aquello que parece inferior o tocado por el defecto.
Muchas personas que comienzan a asumir las responsabilidades derivadas de sus limitaciones, dándose cuenta de las conexiones entre sus enfermedades y sus emociones, pueden con frecuencia caer en una trampa sutil, que podríamos denominar “culpa holística”. Cada mancha o cada imperfección parecen magnificar o exponer la vulnerabilidad desnuda del alma, y un enjuiciamiento duro de los errores puede llevar a la rigidez y al odio a uno mismo. Una actitud tan estricta también trabaja en contra de la verdadera salud, porque aquello que buscamos de forma inconsciente es el controlar en lugar de aceptarla. Desde nuestra limitada atalaya no podemos ver todas las avenidas del destino, ni todas las razones por las cuales nos acontecen ciertas cosas. Puede ser muy erróneo el creer que nosotros “creamos” personalmente nuestra realidad; responsabilidad significa “capacidad para responder, y eso no quiere decir que nuestro destino esté exclusivamente a nuestro cargo, pues la auténtica salud del alma incluye la aceptación, así como una capacidad abierta de rendición ante la vida, una rendición que está guiada por una fe y por una confianza profundas en nuestra propia bondad esencial y en que hay seres espirituales superiores que cuidan de nosotros.