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lunes, 16 de julio de 2018

¿POR QUÉ LA GENTE NO SE CURA?


¿Por qué la gente no se cura?

Un médico intuitivo, el Dr. Francisco Moya tuvo una perspectiva única sobre por qué las personas no se curan. Él solía pensar que todo el mundo quería ser sanado. Y llegó a la conclusión de que “La sanación es muy poco atractiva”.

Los impedimentos para la curación incluyen renunciar a vivir en el pasado, dejar de ser víctima, y el miedo al cambio. Dirigir el pensamiento y la energía hacia el pasado desvía la fuerza vital de las células y los órganos que necesitan esa energía para funcionar y sanar.

La curación requiere vivir en el presente, recuperando la energía de los traumas y heridas del pasado. Dice que la única razón para alimentar y mantener vivo el pasado es a causa de la amargura de lo que pasó. Negarse a perdonar un evento o a una persona del pasado produce fugas energéticas en el cuerpo. El perdón sana estas filtraciones. El perdón no tiene nada que ver con no responsabilizar a otros por las heridas que causaron. Tiene más que ver con “Liberarnos de la percepción de víctima”.

Cuando podemos ver un acto doloroso como parte del proceso de la vida, como un mensaje o un desafío en lugar de una traición personal, la energía vital fluye de vuelta a los circuitos de energía del cuerpo físico.

Las personas no se curan porque no se han liberado de la ilusión de ser víctima. Con demasiada frecuencia, la gente obtiene poder con sus heridas porque han encontrado que suscita el apoyo de otros. Las heridas se convierten en un medio de manipular y controlar a los demás. Generalmente, la recuperación requiere hacer cambios en el estilo de vida, medio ambiente, y relaciones.

El cambio puede ser aterrador.
Es fácil mantenerse en un compás de espera, alegando que uno no sabe qué hacer, pero rara vez es cierto. Cuando estamos en un compás de espera, es porque sabemos exactamente lo que debemos hacer, pero estamos aterrorizados para actuar en consecuencia…

El cambio es alarmante, y la espera da sensación de seguridad, cuando la única manera de adquirir ese sentimiento de seguridad es entrar en el torbellino de los cambios y salir por otro lado, sentirse vivo otra vez.

La sanación requiere acción.
Comer adecuadamente, hacer ejercicio diario, tomar el medicamento adecuado a través de las hierbas naturales, genera cambios saludables en el físico. Soltar el pasado, dejar puestos de trabajo estresantes o relaciones inadecuadas, son acciones que sostienen la energía del cuerpo.
Lo que apoya al uno apoya al otro, porque la energía física y energética están inextricablemente unidas.

Incluso el proceso de morir, al que todos nos enfrentamos, puede convertirse en un acto de sanación de viejas heridas que son liberadas resolviendo asuntos pendientes con los seres queridos.

En definitiva: El cambio viene de aprender a amar toda situación en todo momento, aprender a fluir, ser amor en acción.

María de los Ángeles Rodeiro



viernes, 13 de julio de 2018

"LO QUE CURA ES EL AFECTO: NO HAY TERAPIA SIN SIMPATÍA

“Lo que cura es el afecto: no hay terapia sin simpatía”



Thomas Emmenegger,, psiquiatra y emprendedor social. Nacio en Lucerna, Suiza, y vive en Milán. Vive en pareja y tiene dos hijos. Es jefe de servicio de la Organización Sociopsiquiátrica del cantón de Ticino, Suiza.

Entrega
Atiende a personas, no enfermedades. Desde sus inicios luchó por la abolición de las medidas coercitivas (habitaciones de aislamiento, atar a los pacientes..) y lo ha implementado con éxito en el hospital público suizo del que es jefe de servicio. En 1996 fundó la empresa cultural y social sin fines de lucro Olinda en un viejo hospital psiquiátrico de los suburbios de Milán en la que enfermos mentales y jóvenes del barrio gestionan y trabajan en su restaurante, bar, catering, albergue, hotel, teatro... Desarrolló proyectos internacionales de salud pública para la OMS . Ha participado en el V Congrés Català d’Infermeria de Salut Mental , organizado por la Associació Catalana de Salut Mental, en el hospital de Sant Pau .


Todos los locos son tristes?
Ni mucho menos. Lo son si están solos.
¿Qué ha entendido?
Que todos somos diferentes incluso en la enfermedad mental. El diagnóstico no nos dice nada de la persona, para cada esquizofrénico hay que buscar un camino. La institución psiquiatra se debe adaptar a la singularidad de la persona.
No es fácil.
Pero es hermoso.
Un psiquiatra suele recetar.
El fármaco es una muleta que ayuda a contener los síntomas pero no cura. Lo que cura es la relación y el afecto. No hay terapia sin simpatía.
¿Entre médico y paciente?
Sí, y enfermeros y pacientes. Cuanto peor está una persona más relación de afecto necesita.
¿Es proporcional?
Un enfermo mental no suele tener sólo un problema clínico, también tiene un problema social: ha perdido la casa, el trabajo y se ha peleado con los suyos. Está solo. Es necesario ayudarle a reconstruir las oportunidades sociales para que pueda reencontrar su camino.
No es práctica habitual entre psiquiatras.
Para quién trabaja en una institución pública debe ser una práctica cotidiana. Nosotros no tenemos maquinarias complicadas, sólo tenemos nuestro conocimiento y afecto. Hay que tener una relación intensiva con los enfermos.
¿Cómo de intensiva?
Hemos calculado que cuando llega una persona en crisis psiquiátrica la media son dos horas con ella, algo que es muy difícil desde el punto de vista organizativo pero indispensable si quieres construir una relación.
Me sorprende usted.
Lo primero es comprender, y para eso tienes que escuchar, hacer preguntas no estandarizadas, tener paciencia y dar crédito a la persona. No se trata de controlar, de encerrar, de calmar con fármacos, sino de establecer una relación.
Póngame un ejemplo.
A un suicida no hay que encerrarlo para que no lo vuelva a intentar sino estar con él.
¿Y eso cura?
Sí, la dedicación intensiva en los momentos de crisis allana el camino para poder seguir trabajando con la persona. Sin embargo, si el primer encuentro se reduce a encerrarlo en espera de que pase la crisis el seguimiento es muy difícil porque falta la confianza, la relación.
¿Hasta qué punto somos sólo química o somos algo más?
Antes pensábamos que el cerebro no se puede regenerar, hoy sabemos que tiene una capacidad transformadora de sí mismo.
Usted es un abanderado en contra de la sujeción física.
De todas las medidas coercitivas: puertas cerradas, atar a la gente a la cama y las habitaciones de aislamiento. Llevo años aplicando mi programa y mi receta en un hospital público: tiempo de conversación con el paciente, y gracias a eso hemos eliminado esas medidas.
¿Y si la persona es muy agresiva?
Le pondré un ejemplo: la policía nos trae a un hombre enmanillado con una grave crisis maniaca, agresivo y agitado. Tras dos complicadas horas de conversación consigo entender que se ha dejado la puerta de casa abierta.
Y eso le preocupa y le altera.
Le acompañamos a su casa con la condición de que vuelva y acceda a tomarse los fármacos en lugar de inyectárselos a la fuerza.
Necesita personal muy especializado.
Necesito personal motivado. Y sale rentable.
¿Y pasada la crisis?
Tenemos un programa personalizado dentro y fuera del hospital. Hemos creado un equipo que visita a los enfermos en su casa, a algunos dos veces al día. Hay que ayudarles en el plano social porque la soledad es terrible. No los puedes abandonar, si lo haces volverán al principio.
Ha creado usted una ONG en un antiguo hospital que les da trabajo.
Es un proyecto que inicié hace veinte años en el antiguo hospital psiquiátrico de Milán que hemos transformado en un espacio para la ciudad. La antigua cocina es hoy un teatro, la capilla ardiente un restaurante, el convento un hostal.
¿Se puede comer, dormir, ver teatro…?
Sí, y se puede encontrar trabajo y amigos. Realizamos multitud de proyectos: con 40 pacientes y abuelas del barrio hacemos pasta fresca que vendemos a restaurantes; catering, un laboratorio de teatro con jóvenes del barrio y pacientes que les ayuda a descubrir sus talentos y donde se hablan quince lenguas diferentes.
¿Y eso?
Es la composición de la periferia urbana de Milán: asiáticos, africanos, latinoamericanos... Nuestras obras son tan famosas como nuestras pizzas, la gente viene y paga por ello. Trabajamos con productos de mucha calidad y lo hacemos muy bien. Somos un proyecto sostenible.
¿El poder de la determinación?
Debemos creer en nuestra capacidad transformadora, no sólo somos objetos del destino, podemos contribuir activamente en hacer un pedacito de historia, aunque sea homeopático.
¿Es duro trabajar con enajenados?
Es una fuente de enorme riqueza. Los límites de la normalidad los definen miedos y prejuicios, pero ese confín se puede ensanchar y en esa frontera hay autenticidad.
¿En qué cree usted?
Todos tenemos una capacidad emancipadora dentro, hay que descubrirla y hacerla emerger.
IMA SANCHÍS
www.lavanguardia.com
Foto: Xavier Cervera





domingo, 14 de enero de 2018

EL CEREBRO HUMANO PROCESA LA EMPATÍA DE MANERA SIMILAR AL DOLOR



Los investigadores que llegaron a esta conclusión usaron un complicado montaje experimental, que incluía el uso de resonancia magnética funcional (fMRI por sus siglas en inglés), que mide los cambios en el flujo sanguíneo del cerebro. La imagen del cerebro por sí sola no puede demostrar un vínculo entre el dolor y la "empatía dolor". Esto se debe a que las mismas áreas del cerebro se activan en cada caso, en parte porque hay una gran cantidad de solapamiento entre las áreas del cerebro utilizadas para los sentimientos y la emoción. Otro factor es que la fMRI no es una medida directa de la actividad cerebral; la medida del flujo sanguíneo es algo que inferimos para acompañar la actividad cerebral.

Los investigadores tuvieron que adoptar un innovador enfoque. Investigaron si la manera en que un medicamento cambia la forma en que el cerebro procesa el dolor y la empatía por los que sufren puede ser utilizada para entender las similitudes y diferencias entre estas dos experiencias. A todos los participantes en el estudio se les dio un comprimido y se les dijo era un analgésico, aunque se trataba de un placebo. Los autores querían saber cómo funcionaba el dolor y la empatía del dolor en la manera en que se procesan ambos fenómenos en el cerebro.

Un segundo grupo de personas también recibieron este analgésico placebo y 15 minutos más tarde un segundo comprimido, una droga que invierte la acción de un analgésico. Sin embargo, a los participantes se les dijo que este comprimido mejoraría la acción del analgésico, por lo que no esperaban que el efecto se contrarrestara. Los autores querían saber si la "analgesia placebo" podría ser revertida de la misma manera que los analgésicos reales pueden serlo. Después de esperar a que el analgésico placebo "tuviera efecto", y comprobando que había "funcionado" en todas las personas, los participantes se sometieron a varios experimentos. Uno de ellos consistió en que el participante recibía un choque eléctrico corto y doloroso en la parte posterior de la mano y veía una foto de alguien que había conocido anteriormente.

Los participantes se dividieron en dos grupos: algunos recibieron un choque real y doloroso (o vieron a alguien recibirlo), mientras que otros recibieron un estímulo indoloro. El estímulo indoloro se administró de la misma manera que el estímulo eléctrico, pero a una corriente más baja. ¿Los resultados? En el primer experimento con el único comprimido (analgésico placebo), 53 personas recibieron dolor real y 49 personas recibieron estímulos de dolor. El analgésico placebo redujo la cantidad de dolor que los participantes reportaron sentir y también disminuyó la cantidad de desagrado que dijeron sentir mientras miraban a otra persona sentir dolor. Al mismo tiempo, el escaneo fMRI reveló que la red de regiones que usualmente procesan el dolor mostró una reducción en la actividad para el dolor placebo (pretendido) en comparación con el dolor real. En el segundo experimento, en el que 50 participantes tomaron un comprimido adicional, se encontró que el fármaco real revirtió los efectos de la analgesia placebo en el dolor propio y también en la empatía del dolor, cada uno por una cantidad similar. Esto significa que es probable que la empatía por el dolor se procese de forma muy similar (en el cerebro) al dolor de primera mano. Pero se necesitan más pruebas.



Fuente: http://www.iflscience.com