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viernes, 13 de julio de 2018

"LO QUE CURA ES EL AFECTO: NO HAY TERAPIA SIN SIMPATÍA

“Lo que cura es el afecto: no hay terapia sin simpatía”



Thomas Emmenegger,, psiquiatra y emprendedor social. Nacio en Lucerna, Suiza, y vive en Milán. Vive en pareja y tiene dos hijos. Es jefe de servicio de la Organización Sociopsiquiátrica del cantón de Ticino, Suiza.

Entrega
Atiende a personas, no enfermedades. Desde sus inicios luchó por la abolición de las medidas coercitivas (habitaciones de aislamiento, atar a los pacientes..) y lo ha implementado con éxito en el hospital público suizo del que es jefe de servicio. En 1996 fundó la empresa cultural y social sin fines de lucro Olinda en un viejo hospital psiquiátrico de los suburbios de Milán en la que enfermos mentales y jóvenes del barrio gestionan y trabajan en su restaurante, bar, catering, albergue, hotel, teatro... Desarrolló proyectos internacionales de salud pública para la OMS . Ha participado en el V Congrés Català d’Infermeria de Salut Mental , organizado por la Associació Catalana de Salut Mental, en el hospital de Sant Pau .


Todos los locos son tristes?
Ni mucho menos. Lo son si están solos.
¿Qué ha entendido?
Que todos somos diferentes incluso en la enfermedad mental. El diagnóstico no nos dice nada de la persona, para cada esquizofrénico hay que buscar un camino. La institución psiquiatra se debe adaptar a la singularidad de la persona.
No es fácil.
Pero es hermoso.
Un psiquiatra suele recetar.
El fármaco es una muleta que ayuda a contener los síntomas pero no cura. Lo que cura es la relación y el afecto. No hay terapia sin simpatía.
¿Entre médico y paciente?
Sí, y enfermeros y pacientes. Cuanto peor está una persona más relación de afecto necesita.
¿Es proporcional?
Un enfermo mental no suele tener sólo un problema clínico, también tiene un problema social: ha perdido la casa, el trabajo y se ha peleado con los suyos. Está solo. Es necesario ayudarle a reconstruir las oportunidades sociales para que pueda reencontrar su camino.
No es práctica habitual entre psiquiatras.
Para quién trabaja en una institución pública debe ser una práctica cotidiana. Nosotros no tenemos maquinarias complicadas, sólo tenemos nuestro conocimiento y afecto. Hay que tener una relación intensiva con los enfermos.
¿Cómo de intensiva?
Hemos calculado que cuando llega una persona en crisis psiquiátrica la media son dos horas con ella, algo que es muy difícil desde el punto de vista organizativo pero indispensable si quieres construir una relación.
Me sorprende usted.
Lo primero es comprender, y para eso tienes que escuchar, hacer preguntas no estandarizadas, tener paciencia y dar crédito a la persona. No se trata de controlar, de encerrar, de calmar con fármacos, sino de establecer una relación.
Póngame un ejemplo.
A un suicida no hay que encerrarlo para que no lo vuelva a intentar sino estar con él.
¿Y eso cura?
Sí, la dedicación intensiva en los momentos de crisis allana el camino para poder seguir trabajando con la persona. Sin embargo, si el primer encuentro se reduce a encerrarlo en espera de que pase la crisis el seguimiento es muy difícil porque falta la confianza, la relación.
¿Hasta qué punto somos sólo química o somos algo más?
Antes pensábamos que el cerebro no se puede regenerar, hoy sabemos que tiene una capacidad transformadora de sí mismo.
Usted es un abanderado en contra de la sujeción física.
De todas las medidas coercitivas: puertas cerradas, atar a la gente a la cama y las habitaciones de aislamiento. Llevo años aplicando mi programa y mi receta en un hospital público: tiempo de conversación con el paciente, y gracias a eso hemos eliminado esas medidas.
¿Y si la persona es muy agresiva?
Le pondré un ejemplo: la policía nos trae a un hombre enmanillado con una grave crisis maniaca, agresivo y agitado. Tras dos complicadas horas de conversación consigo entender que se ha dejado la puerta de casa abierta.
Y eso le preocupa y le altera.
Le acompañamos a su casa con la condición de que vuelva y acceda a tomarse los fármacos en lugar de inyectárselos a la fuerza.
Necesita personal muy especializado.
Necesito personal motivado. Y sale rentable.
¿Y pasada la crisis?
Tenemos un programa personalizado dentro y fuera del hospital. Hemos creado un equipo que visita a los enfermos en su casa, a algunos dos veces al día. Hay que ayudarles en el plano social porque la soledad es terrible. No los puedes abandonar, si lo haces volverán al principio.
Ha creado usted una ONG en un antiguo hospital que les da trabajo.
Es un proyecto que inicié hace veinte años en el antiguo hospital psiquiátrico de Milán que hemos transformado en un espacio para la ciudad. La antigua cocina es hoy un teatro, la capilla ardiente un restaurante, el convento un hostal.
¿Se puede comer, dormir, ver teatro…?
Sí, y se puede encontrar trabajo y amigos. Realizamos multitud de proyectos: con 40 pacientes y abuelas del barrio hacemos pasta fresca que vendemos a restaurantes; catering, un laboratorio de teatro con jóvenes del barrio y pacientes que les ayuda a descubrir sus talentos y donde se hablan quince lenguas diferentes.
¿Y eso?
Es la composición de la periferia urbana de Milán: asiáticos, africanos, latinoamericanos... Nuestras obras son tan famosas como nuestras pizzas, la gente viene y paga por ello. Trabajamos con productos de mucha calidad y lo hacemos muy bien. Somos un proyecto sostenible.
¿El poder de la determinación?
Debemos creer en nuestra capacidad transformadora, no sólo somos objetos del destino, podemos contribuir activamente en hacer un pedacito de historia, aunque sea homeopático.
¿Es duro trabajar con enajenados?
Es una fuente de enorme riqueza. Los límites de la normalidad los definen miedos y prejuicios, pero ese confín se puede ensanchar y en esa frontera hay autenticidad.
¿En qué cree usted?
Todos tenemos una capacidad emancipadora dentro, hay que descubrirla y hacerla emerger.
IMA SANCHÍS
www.lavanguardia.com
Foto: Xavier Cervera





domingo, 14 de enero de 2018

EL CEREBRO HUMANO PROCESA LA EMPATÍA DE MANERA SIMILAR AL DOLOR



Los investigadores que llegaron a esta conclusión usaron un complicado montaje experimental, que incluía el uso de resonancia magnética funcional (fMRI por sus siglas en inglés), que mide los cambios en el flujo sanguíneo del cerebro. La imagen del cerebro por sí sola no puede demostrar un vínculo entre el dolor y la "empatía dolor". Esto se debe a que las mismas áreas del cerebro se activan en cada caso, en parte porque hay una gran cantidad de solapamiento entre las áreas del cerebro utilizadas para los sentimientos y la emoción. Otro factor es que la fMRI no es una medida directa de la actividad cerebral; la medida del flujo sanguíneo es algo que inferimos para acompañar la actividad cerebral.

Los investigadores tuvieron que adoptar un innovador enfoque. Investigaron si la manera en que un medicamento cambia la forma en que el cerebro procesa el dolor y la empatía por los que sufren puede ser utilizada para entender las similitudes y diferencias entre estas dos experiencias. A todos los participantes en el estudio se les dio un comprimido y se les dijo era un analgésico, aunque se trataba de un placebo. Los autores querían saber cómo funcionaba el dolor y la empatía del dolor en la manera en que se procesan ambos fenómenos en el cerebro.

Un segundo grupo de personas también recibieron este analgésico placebo y 15 minutos más tarde un segundo comprimido, una droga que invierte la acción de un analgésico. Sin embargo, a los participantes se les dijo que este comprimido mejoraría la acción del analgésico, por lo que no esperaban que el efecto se contrarrestara. Los autores querían saber si la "analgesia placebo" podría ser revertida de la misma manera que los analgésicos reales pueden serlo. Después de esperar a que el analgésico placebo "tuviera efecto", y comprobando que había "funcionado" en todas las personas, los participantes se sometieron a varios experimentos. Uno de ellos consistió en que el participante recibía un choque eléctrico corto y doloroso en la parte posterior de la mano y veía una foto de alguien que había conocido anteriormente.

Los participantes se dividieron en dos grupos: algunos recibieron un choque real y doloroso (o vieron a alguien recibirlo), mientras que otros recibieron un estímulo indoloro. El estímulo indoloro se administró de la misma manera que el estímulo eléctrico, pero a una corriente más baja. ¿Los resultados? En el primer experimento con el único comprimido (analgésico placebo), 53 personas recibieron dolor real y 49 personas recibieron estímulos de dolor. El analgésico placebo redujo la cantidad de dolor que los participantes reportaron sentir y también disminuyó la cantidad de desagrado que dijeron sentir mientras miraban a otra persona sentir dolor. Al mismo tiempo, el escaneo fMRI reveló que la red de regiones que usualmente procesan el dolor mostró una reducción en la actividad para el dolor placebo (pretendido) en comparación con el dolor real. En el segundo experimento, en el que 50 participantes tomaron un comprimido adicional, se encontró que el fármaco real revirtió los efectos de la analgesia placebo en el dolor propio y también en la empatía del dolor, cada uno por una cantidad similar. Esto significa que es probable que la empatía por el dolor se procese de forma muy similar (en el cerebro) al dolor de primera mano. Pero se necesitan más pruebas.



Fuente: http://www.iflscience.com

miércoles, 5 de julio de 2017

¿Qué es la empatía? Características principales y su uso en terapia

Con empatía se entiende a la capacidad cognitiva de percibir y compartir los sentimientos o experiencias de otra persona, dentro de un contexto común, e imaginar cómo sería encontrarnos en el lugar de esa persona situación.


¿En qué consiste la Empatía?
A lo largo del tiempo la empatía ha sido descrita de diferentes maneras, algunas incluso de forma metafórica como: “ponerse en los zapatos del otro” o “ver a través de sus ojos”; sería como tener la capacidad de experimentar la vida como lo hace el otro, comprendiendo sus pensamientos, sentimientos, emociones y significados de la realidad.
Significa sentir dolor o placer tal como el otro lo siente, percibir las cosas de la misma forma, pero sin perder nunca el reconocimiento de que es un “como si”, ya que no somos la misma persona. Si este “como si” se pierde, entonces entramos en un estado de identificación poco realista o recomendable.
Formas básicas de la Empatía según Daniel Batson
El Psicólogo Social Daniel Batson propuso ocho formas diferentes de “empatía”, las cuales están relacionadas entre sí, pero no constituyen varios aspectos de ésta:
1.     Conocer el estado interno de la otra persona, incluyendo sus pensamientos y sentimientos. Esto nos puede suministrar argumentos para sentir amabilidad hacia el otro, sin que esto sea suficiente, ni indispensable para generar una motivación altruista. Esto quiere decir que se puede ser consciente de lo que el otro piensa o siente, y permanecer indiferente frente a su situación.
2.     La imitación motriz y neuronal: el hecho de percibir a alguien bajo cierta situación, lleva a nuestro sistema neuronal a adoptar un estado analógico al suyo, lo cual genera un mimetismo corporal y facial acompañado por sensaciones similares a las de la otra persona.
3.     La resonancia emocional: es llegar a sentirse exactamente cómo se siente otra persona, ya sea un sentimiento de felicidad o de tristeza. Aunque es imposible vivir exactamente la misma experiencia que alguien, sí podemos sentir emociones similares.
4.     Proyectarse intuitivamente en la situación de la otra persona. Para verse afectado por lo que le sucede a alguien más, no es necesario imaginar todos los detalles de su experiencia, basta con saber que sufre.
5.     Crear una representación muy clara de los sentimientos de la otra persona gracias a lo que ella nos dice, a lo que observamos y a nuestros conocimientos sobre dicha persona, sobre sus valores y sus aspiraciones. Imaginar cómo se podríamos pensar y sentir en el lugar del otro.
6.     Imaginar lo que sentiríamos si estuviésemos en el lugar de la otra persona, con nuestro propio carácter, nuestras aspiraciones y nuestra visión del mundo.
7.     El sufrimiento por empatía: lo que sentimos cuando somos testigos o evocamos el sufrimiento de otra persona. Esta forma de empatía puede hacer que ignoremos la situación en lugar de asumir una actitud altruista. En realidad aquí Batson no habla de preocuparse por la otra persona, ni de ponerse en su lugar, sino de una ansiedad personal generada por la otra persona. Desafortunadamente este sentimiento de sufrimiento no genera necesariamente una reacción de amabilidad ni una respuesta apropiada hacia la persona que padece. Si la resonancia con el sufrimiento de la otra persona nos genera sufrimiento personal, debemos dirigir nuestra atención hacia dicha persona y reactivar nuestra capacidad de expresar bondad y amor altruista.
8.     La amabilidad empática, que consiste en tomar consciencia de las necesidades de los demás y en sentir el deseo sincero de ayudarles. Según Daniel Batson, la amabilidad empática es la única respuesta que se dirige hacia los demás y no hacia nosotros mismos, lo cual es necesario y suficiente para producir una motivación altruista.
Daniel Batson afirma que las seis primeras formas de empatía pueden contribuir a la creación de una motivación altruista, pero ninguna de ellas garantiza que surja realmente dicha motivación, como máximo constituyen sus condiciones indispensables. La séptima forma, la del sufrimiento por empatía se encuentra claramente en contra del altruismo. Solamente la última forma, es decir la amabilidad empática es necesaria y suficiente para que nazca la motivación altruistaen nosotros y nos incite a la acción.
Cómo se genera la Empatía
Para ser empático con otra persona se requieren varias condiciones. Una es entrar en el mundo de la percepción privada del otro y ser sensible, momento a momento, de los sentimientos que fluyen en él o ella, ya sea miedo, rabia, dolor o confusión o lo que sea esté experimentando. Significa que de alguna forma se vive temporalmente en la vida del otro, moviéndose en su interior con delicadeza y sin hacer juicios; entendiendo los significados conscientes de esta persona, pero no tratando de descubrir los sentimientos más inconscientes o profundos, ya que esto haría que demasiado amenazante. Incluye la comunicación sobre su entendimiento del mundo, consultando sobre su forma de pensar y guiándose por las respuestas que se recibe. Se trata de convertirse en un compañero de confianza para que el otro nos deje entrar de alguna forma en su mundo interior.
Estar de esta manera con la otra persona significa que por un momento, nosotros dejamos a un lado nuestros propios puntos de vista y valores con el fin de entrar en el mundo de la otra persona sin prejuicios. En cierto sentido, esto sólo se puede hacer cuando la persona se siente lo suficientemente segura de sí misma y reconoce que no se va a perder en  el mundo extraño del otro, y que puede volver a su propio mundo cuando lo desee.
Como vemos esta descripción deja claro que el ser empático es algo más complejo, exigente, y fuerte de lo que pueda parecer en un principio, pero también es algo sutil y suave.
La Empatía en terapia: Carl Rogers y el enfoque centrado en la persona
Para el psicólogo humanista Carl Rogers este es un proceso imprescindible en la terapia centrada en la persona, la empatía es la cualidad más importante en todas las formas de escucha terapéutica. Eso significa tener que entrar dentro del mundo de la persona que viene para la terapia (usualmente llamado el cliente) para que esa persona se sienta aceptada y comprendida. Dos cosas son importantes en este proceso:
1.     Que la empatía sea precisa, y
2.     Que el cliente sepa que estamos empatizando con él o ella.

Ambas son habilidades que se pueden aprender, y marcan una gran diferencia en la relación entre el cliente y el consejero o el terapeuta.
La segunda cualidad es la autenticidad. Si con la empatía se trata de escuchar al cliente, con autenticidad se trata de escucharnos a nosotros mismos, si realmente sintonizamos y somos conscientes de todo lo que está pasando en nuestro interior. Significa estar abiertos a nuestras propias experiencias, sin negarlas ni apartarlas de nosotros. La autenticidad es más difícil incluso que la empatía, ya que implica una gran cantidad de auto-conocimiento, que en realidad sólo se obtiene pasando a través de realizar una auto-terapia de una manera completa y profunda, para llegar a mostrarnos de forma sincera y genuina.
La tercera cualidad es la aceptación no posesiva. Esto significa que el cliente pueda sentirse recibido de una manera humana, que no se sienta amenazado de ninguna forma. En esta atmósfera de confianza se puede desarrollar la verdadera confianza, y la persona puede sentirse capaz de abrirse a sus propias experiencias y sus propios sentimientos.

Marta Guerri
Licenciada en Psicología por la Universidad UOC, Barcelona (España). Diplomada en Enfermería por la Universidad UB, Barcelona (España). Máster en Terapia de la Conducta y la Salud