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lunes, 21 de noviembre de 2016

El perdón: aprendiendo a sanar las heridas del pasado

En 2006, la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó una recopilación de investigaciones en torno a la psicología del perdón y la reconciliación  
en el ámbito de conflictos con repercusión a escala social, como los atentados del 11 de septiembre de 2001 y actos de violencia masiva.

En el documento, titulado “Forgiveness: A Sampling of Research Results”, la APA define el perdón como un proceso (o el resultado de un proceso) que involucra un cambio en las emociones y actitudes hacia un ofensor. El resultado del proceso se describe como una disminución en la motivación para tomar represalias o guardar la lejanía respecto a un ofensor a pesar de sus acciones, y requiere dejar ir las emociones negativas que se experimenten hacia él.

El perdón es un proceso independiente que no debe ser confundido con excusar, condonar, indultar ni olvidar. Según la APA, todos estos son, a la vez, procesos individuales que involucran otro tipo de concientización y no conllevan los mismos resultados.

De este modo:

  Excusar implica tomar la decisión de no responsabilizar a una persona o grupo por una acción.

  Condonar supone que no vemos la acción como negativa o inadecuada y que no consideramos necesario perdonar a su autor.

  Indultar equivale a absolver a una persona de los crímenes por los que había sido condenada, y le corresponde únicamente a una figura social representativa.

  Olvidar es remover la ofensa del pensamiento.

EL PERDÓN DEBE SER VISTO POR QUIEN LO CONCEDE COMO UN FAVOR AUTODIRIGIDO QUE VIENE A OTORGAR BENEFICIOS INTERNOS, NO EXTERNOS

El perdón ha sido, como el conflicto, un proceso fundamental en la historia evolutiva del ser humano, así como un tema de atención crítica, no siempre desde el plano científico, pero sí desde la reflexión y el análisis consciente.

A pesar de esto, ha sido cuestión de apenas una década el estudio profundo y sistemático de los factores que influyen en la consolidación del perdón y sus beneficios para quien lo otorga. Como resultado, hoy es posible saber a ciencia cierta que perdonar concede a las víctimas de una ofensa:
  Una mejora en la salud física y mental.
  Una restauración del sentido de empoderamiento personal.
  Una posibilidad clara y sana de reconciliación entre el ofendido y el ofensor.
  Una sensación de esperanza por la resolución de un conflicto.
  Un cambio positivo en el esquema afectivo.

Cuatro claves para el camino hacia el perdón

LA OBSESIÓN CON EL PERDÓN ES TAN MALSANA COMO LA OBSESIÓN CON LA VENGANZA. EL PERDÓN TOMA TIEMPO

Por supuesto, el perdón no es solo un proceso interno esencial para librarse de emociones negativas y reforzar la buena salud mental, también es un camino empinado cuyo recorrido puede implicar años de resentimiento y ansias de tomar represalias en contra de un ofensor.

El énfasis de la psicología en investigar a lo largo de los últimos años acerca de las bases del perdón ha concluido, sin embargo, en algunos datos clave para propiciar la apertura al perdón y hacer más sólido el proceso.
A continuación, se presentan cuatro aspectos derivados de investigaciones científicas para mejorar la disposición al perdón y aprender a sanar las heridas del pasado.

El perdón es para quien lo concede, no para quien lo recibe

Un lastre común que dificulta el perdón es que las personas asumen que el hecho de perdonar equivale a minimizar la gravedad de la ofensa, restar importancia a su sufrimiento o permitir que quien los hirió se salga con la suya.

El psicólogo Frederic Luskin, director del proyecto Stanford Forgiveness Project enfocado a estudiar a las personas que se han visto afectadas por conflictos políticos internacionales, explica que el perdón debe ser visto por quien lo concede como un favor autodirigido que viene a otorgar beneficios internos, no externos.

Perdonar, porque la herida que sufrimos pudo haber sido causada por nosotros en otras circunstancias

El perdón desde la empatía, según el psicólogo Everett Worthington , cuya trayectoria en el estudio del perdón es amplia y destacable, explica que una práctica que impulsa y facilita perdonar es el ejercicio de ponernos en el lugar de la otra persona, es decir, de quien nos lastimó.

Cuando decidimos poner en práctica la empatía somos capaces de abrirnos a los posibles sentimientos o conflictos que nuestro ofensor atravesaba al momento de cometer sus actos.

Una técnica efectiva para esto es el ejercicio de la silla vacía, que consiste en sentarse frente a una silla vacía y vaciarnos emocionalmente como si en ella estuviese sentada la persona que nos ofendió. El proceso incluye cuestionar a esa persona por lo que hizo y, más adelante, cambiar lugares y ocupar su silla para dar respuesta a nuestras propias preguntas.
El ejercicio está pensado para despertar sentimientos de empatía o incluso de lástima hacia el ofensor, lo cual reduce el malestar y las emociones negativas.

El perdón toma (y debería tomar) tiempo
La obsesión con el perdón es tan malsana como la obsesión con la venganza. Perdonar, dice Luskin, toma tiempo y uno debe tener plena conciencia de ello para evitar ejercer presión sobre sí mismo y “dejar que las heridas sanen y que la mente se recupere del trauma”. 

Cuando se trata de conflictos de alto impacto, la psicoterapia es fundamental para ayudar a las personas a asimilar lo ocurrido y apoyar el proceso de perdón, que tampoco tiene por qué suponer un proceso de reconciliación con el ofensor, sino de liberación personal.





sábado, 24 de enero de 2015

MUERDAGO Esencia Floral

MUERDAGO Esencia floral
Viscum álbum (Celastráceas).
Del sistema floral DEVA




(Flores Masculinas  izq. Y Femininas der.)

Función: Es un planta de luz. Trabaja la lucha por la supervivencia en cualquier circunstancia.

Cuando la persona cae en estados de desconexión interior con su ser profundo, con su alma, o presenta dificultades con la misma, estimula la supervivencia espiritual, que no es sino el reencuentro del propio camino con las vivencias adecuadas. Cuando se entra en situaciones en las que la vida corre peligro (accidentes, cirugía, enfermedades graves, etc) o se precisa una recuperación de la salud, favorece la supervivencia física activando el metabolismo y los sistemas de defensa del organismo.

            También previene del aislamiento y muestra la importancia y el por qué de aquellas cosas de las que se depende: personas, objetos, circunstancias, etc...

Mecanismo de acción: Bioenergéticamente, la esencia posee un gran efecto equilibrador, abre el Corazón y estimula los chakras de la Supervivencia. En consecuencia, aporta claridad mental, genera una gran fortaleza interior y estimula el agarre a la propia vida, a sus circunstancias, para la obtención de provecho con cada una de ellas, dando fuerza interior para la lucha y la supervivencia.

            De este modo, ilumina la visión de uno mismo y de su realidad, o sea, de todo aquello que estando en el entorno mantiene su consonancia con el propio camino. Enseña que no es posible vivir por uno mismo, que la supervivencia espiritual como seres en crecimiento está directamente relacionada con la dependencia hacia los demás y la implicación en las circunstancias vitales (que es lo que conduce al equilibrio), y no en aquello que se forja desde lo que serían los deseos del ego. También muestra la realidad de las propias equivocaciones.

            Si las circunstancias vitales o, lo que es lo mismo, las vivencias (que están íntimamente relacionadas con el propio destino) son anuladas el Ser desaparece, paraliza su evolución y entra en un estado de muerte en vida. Las vivencias son el sustrato y alimento para el aprendizaje, el medio para poder sembrar y fructificar. Se anulan bien porque los deseos llevan por un camino equivocado o bien porque los miedos paralizan e impiden la convivencia con ellas.

Indicaciones: 1. Muy recomendada en cualquier proceso en el que la persona tienda al aislamiento, o al rechazo, o a la huida de sus circunstancias.

            2. Para todo tipo de miedos que impiden el avance o el enfrentamiento de las dificultades que aparecen en el camino.

            3. En cualquier proceso de enfermedad física, puesto que no sólo favorecería la supervivencia física, sino que facilitaría la comprensión del origen de dicha enfermedad y ayudaría en su transformación, haciendo posible la sanación.

            4. Muy interesante cuando, siendo necesario, el orgullo impide apoyarse en los demás. Una mejor comprensión de la propia realidad y, por tanto, de la realidad de los demás, siempre va a favorecer la humildad.

              5. En cualquier momento de crisis existencial. Aportará claridad mental y reforzará para seguir caminando. También resulta interesante como preventivo al inicio de las mismas.

              6. En las personas duras de Corazón, para que aprendan a compartir desde la tolerancia.

              7. En artistas que atraviesan períodos de falta de inspiración. Estimularía la creatividad artística.

              8. En personas con dificultad para sentir o expresar sus propios sentimientos. Abre la emotividad.

             9. En todos los procesos en los que se tengan dificultades en las relaciones a consecuencia de un ego desequilibrado. Dará luz para la visión de las causas que provocan la pérdida de la fuerza interior, ya que, cuando se refuerza el ego de forma inadecuada, se produce la pérdida de ésta y a mayor reforzamiento del ego mayor desconexión con la misma. El orgullo, la soberbia, la minusvaloración, etc., llevan al desequilibrio del ego, al cierre del Corazón y al alejamiento de la luz interior, impidiendo la expresión de la verdadera fuerza del Ser.

            10. En los momentos de pérdida de visión de la realidad. Ayudará en el reencuentro del camino, generando un fruto sano y una semilla de sabiduría para su posterior siembra.

Observaciones: Es costumbre popular regalar una rama de muérdago con sus bayas al inicio del año, como forma de deseo de buena suerte y como protección. Es una intuición correcta, pues el que aprende y recupera su propio camino es un ser afortunado y no hay mejor protección que la compañía de la fortaleza interior. Desde su luz permite sentir, ver y escuchar al propio camino, el por qué del mismo y con quien se camina.

Mostaza (Sinapis arvensis) es igualmente una esencia de luz que trabaja la supervivencia. Está más indicada en estados de oscuridad interior, apatía, soledad y falta de ganas de vivir, mientras que Muérdago se utilizaría preferentemente para la recuperación de la visión de la propia realidad y el reencuentro del camino. La primera es más para personas que desprecian la vida o que no tienen alicientes en ella, la segunda más para quienes anulan sus vivencias.

Autor: José María Calvo Sanz (España)